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Carta de un fan

Los indestructibles / Sylvester Stallone / 2010 / EE.UU.

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Nuestro redactor friqui declara su amor por Stallone y de paso le da un par de consejitos sobre cómo filmar, en una exhibición de su friquez tan sincera como imperdible.

Querido Sylvester:

Te escribo esta carta como un gran fanático tuyo y de tu carrera. Me acuerdo de chico cuando encerrado en mi cuarto vi Rocky 3 en una televisión de 14 pulgadas, que no fueron suficientes para frenar la emoción que me generaba ver cómo te reponías de la muerte de tu entrenador Mickey y terminabas por moler a piñas a Mr. T en la pelea final. Ahí nació mi fervor por tus películas y tus personajes, que fueron íconos del cine de acción de los ochenta y principios de los noventa. Rocky, Rambo, Cobra, Tango y Cash, El Demoledor y Cliffhanger, entre otras, fueron películas que marcaron mi infancia y adolescencia (junto con joyas como Comando, Duro de Matar y Depredador). Muchos cinéfilos, para hacerse los cool, tratan de olvidar cierto cine que veían de chicos, pero yo no reniego de mis orígenes. A mí lo que me hizo entrar en el mundo del séptimo arte son aquellas pelis donde tipos como vos o tu amigo Arnold lo único que hacían era reventar a balazos a un ejército entero sin ningún tipo de piedad ni remordimiento.

Como decía, siempre fui un fan tuyo de la primera hora. Y sí, a veces eso hizo que me comiera mas de un garrón como Asesinos (película con el clímax mas aburrido de la historia), El Juez o El especialista (aunque vos seguro la pasaste bomba en tus escenitas con Sharon Stone), por no hablar de comedias como ¡Pará o mi mama dispara! (¿podés creer que de chico me llevaron al cine a verla?). Me acuerdo cuando hiciste Tierra de policías para demostrarle al mundo que podías ser más que una estrella de cine de acción, que podías hacer eso que los actores llaman “rol dramático”, pero nosotros sabemos que en el fondo lo tuyo no es el drama, que tus músculos anabolizados impiden que en tu cara pueda verse un mínimo de fibra emotiva. Y es cierto que tuviste una serie de fracasos económicos que te llevaron a repensar si todavía seguías siendo la gran estrella que por mucho tiempo fuiste.

Pero después conseguiste algo milagroso. Allá por el 2004, cuando ya la prensa ni se acordaba de quién eras, anunciaste que ibas a hacer una nueva secuela de Rocky, lo que suscitó obviamente que se te cagaran de risa en la cara, haciendo los típicos chistes de que eras un viejo dinosaurio que buscaba exprimirle el último billete que quedaba a la marca que te había hecho famoso cuando no eras nadie. Y sin embargo los callaste a todos, porque hiciste una película chiquita y noble en donde no ocultabas el paso de los años y te permitías dialogar honestamente no sólo con tu carrera sino con tu propia figura icónica. Continua…

Posteado en Acción, Estrenos.

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Supercool

El hombre de al lado / Mariano Cohn y Gastón Duprat / 2009 / Argentina

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Un hombre que ronda los cuarenta, de anteojos godardianos –de esos que se ven tanto entre estudiantes de cine de escuelas privadas y artistas plásticos cancheros-, que se viste de negro mayormente, sweater de hilo negro con camisa blanca, pantalón de vestir, formal pero pretendidamente descontracturado, que diseña sillas hipermodernas, que vive en una casa totalmente blanca diseñada por Le Corbusier y decorada con pinturas de artistas contemporáneos (Tulio de Sagastizábal es el único nombre que recuerdo de los créditos, valga como ejemplo), que escucha música moderna y trabaja con su laptop y habla por el celular fluidamente, en inglés y en alemán. Que tiene una mujer profesora de yoga, tilinga. Que tiene una hija adolescente cuya habitación está ostentosamente decorada por un cuadro warholiano en rosa fuerte del Che.

La vida de este hombre, Leonardo, que parece ir sobre rieles entre su trabajo como diseñador, alguna entrevista para la televisión y algún negocio con inversores extranjeros, se ve de pronto invadida una mañana por martillazos molestos que provienen de la casa de al lado. El vecino de al lado, el que da nombre a la película, es Víctor, y no hay otra manera de describirlo que con una palabra: es un grasa. El conflicto comienza cuando este grasa, dudosamente civilizado según los parámetros de Leonardo, empieza a abrir un boquete espantoso en la medianera que da a la casa de Leonardo para construir una ventana –“necesito un rayito de sol, un poco de la luz que vos no usás”, le dice como toda, sencillísima excusa. Leonardo explica que la obra es ilegal, que significa una invasión para la intimidad de su familia, que no da, pero el animal, parado desde un mundo en el que re da, no sólo hacer la ventana sino encima ponerle un marco de pino berreta, no entiende razones. Y ahí empieza un asedio, divertido para nosotros pero desesperante para Leonardo, que va abriendo de a poco toda la serie de conflictos personales y familiares que traman por lo bajo esa vida tan cool.

La nueva película de Cohn y Duprat se parece, en varios sentidos, a la anterior, porque pone el foco sobre el mundito reducido de los modernos: escritores, artistas, diseñadores. Pero si El artista, con lo graciosa que podía resultar, era olvidable por quedarse en una burla más o menos cómoda del ambiente del arte moderno más top –las inauguraciones en galerías de Palermo, los mitos pavos sobre la creación, la recepción de arte como pose-, El hombre de al lado levanta muchísimo la apuesta y es más osada, en la medida en que abre el foco y se tira de cabeza en la cuestión de la clase. Continua…

Posteado en Cine argentino, Estrenos.

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Viva la vida

Karate Kid / Harald Zwart / 2010 / Estados Unidos, China

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Parting is such sweet sorrow
(Romeo and Juliet, Acto 2,
escena 2, v. 185)

A mi amigo David.

Karate Kid, la original (1984), fue compañera de sábados a la tarde de varias generaciones, casi un ícono que convirtió al “limpia y pule” del señor Miyagi en todo un lema de los ochenta. Por eso, quizás, hacía tanto ruido ver el trailer de la nueva Karate Kid con Jackie Chan atrapando un insecto con un matamoscas en lugar de los más tradicionales palitos chinos. Es que, últimamente, pensar en una remake que base sus bondades en reírse de su predecesora no parece muy prometedor que digamos.

Sin embargo la nueva Karate Kid está muy lejos de querer mofarse con un humor burdo de la grulla de Daniel-san. Sí, es verdad que la historia es la misma: se trata una vez más del chico nuevo en una ciudad/país/continente distinto, que es golpeado y maltratado por los siempre a tiro-grandotes-abusadores del colegio y que conoce a un señor sabio y experto en artes marciales (en este caso, Kung Fu, por lo que el título con el que se estrenó en nuestro país es claramente un gancho para ex niños karatecas que crecieron en los ochenta) que lo entrena para competir en un torneo.

Pero Harald Zwart se ubica justo en el medio de la sutil línea que divide al homenaje de la parodia, y crea algo más: una película que es pura emoción y que duele desde la primera escena. Porque el gran tema de Karate Kid (a partir de ahora me refiero siempre a la última) es el desarraigo. Desde que vemos al pequeño Dre (Jaden Smith) dejar su habitación en Detroit para seguir a su mamá rumbo a China, no hace falta mucho más que prestar atención al espacio vacío y la pared con las marcas del paso del tiempo para entender que lo que deja atrás no es solamente su casa, sino toda su vida.  Continua…

Posteado en Acción, Estrenos.

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Cuánto vale ser la banda nueva

Anvil! The Story of Anvil / Sacha Gervasi / 2008 / Estados Unidos

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Hasta hace unos años, uno de lo motivos más atractivos para juntarse a rockear con amigos era conquistar al mundo, o a una ciudad, o por lo menos a un puñado de chicas inquietas con remeras negras. Sin embargo, en la mayoría de los casos, después de recorrer varias salas de ensayo, cambiar de bajista y cansar a los familiares y amigos para llenen bares con piso de cemento húmedo, se empieza a digerir el anonimato como una cualidad fundamental del resto de la vida. Allá afuera hay cientos de chicos que ya no lo son tanto tratando de sobrellevar la mala noticia. Aunque, quizás, hay algo más duro que haber sido siempre un total desconocido.

Me entero por este documental de que en Canadá hay una banda de heavy metal llamada Anvil que tuvo una exigua y precaria fama a principios de los 80, que con su música pudo haber influenciado a Metallica y a otros monstruos de la industria discográfica, pero que se quedó golpeando las puertas del cielo sin que nadie los dejara pasar. En las entrevistas que aparecen al comienzo, Slash, el guitarrista de los Guns, dice que lo que les impidió conocer la fama y la fortuna pudo haber sido el factor canadiense. Otros suponen que el problema fue la falta de un buen manager o que, simplemente, no tuvieron suerte, que les faltó estar en el momento y el lugar adecuado. Pero ninguno cuestiona sus canciones, los entrevistados no están hablando de la música sino del business, de la posibilidad de vivir de lo que los fascina.

El documental comienza en el mejor momento de la banda. Las imágenes de archivo, que ya tienen más de 25 años, los muestran en Japón tocando en un festival para miles de personas. Lips, el cantante y frontman del grupo, viste un traje sado y acaricia su guitarra con un consolador mientras el público hace los cuernitos con la mano y agita la cabeza cuando tocan su hit Metal on metal. Es eso nomás, ese instante al otro lado del mundo fue la cima de Anvil. Cuando termina la canción, el contraste es inmediato. La cámara de Gervasi acompaña a Lips en un trabajo que nada tiene que ver con las tachas y los jeans ajustados. Hoy reparte comida a bordo de una camioneta. Se nota el paso del tiempo en su cara, y aunque mantiene el pelo largo, una aureola de calvicie ya corona su cabeza. Lo extraño, lo que hace de él y de su perpetuo amigo Robb material para una película, no son aquellos buenos momentos del pasado, sino el eterno presente en el que mantienen un sueño. Porque Anvil sigue tocando, sigue intentando acceder al negocio de la música con el mismo entusiasmo que a los veinte a pesar de que ya tienen más de cincuenta.   Continua…

Posteado en Documentales, Pirata.

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Vencedores y vencidos

Vincere / Marco Bellocchio / 2009 / Italia, Francia

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En las antípodas de la visión histórica hollywoodense –el “esto fue así”, basado más que nada en la reconstrucción de época, los trajes, los bigotes, la manera de tomar el té- Vincere avanza, ruidosa, como un tanque de guerra que cruza el siglo XX y todo se lo lleva puesto para traer lo mejor de las grandes tradiciones del siglo, a la hora de contar la historia. Como el Marat/Sade de Peter Weiss, Vincere es la película más brechtiana posible pero también la más melodramática, operística, solemne. Y parece tanto un biopic sobre una loca perdida entre las vueltas de la historia como una película de vanguardia (vanguardia anacrónica, cincuenta años después, como la única que puede haber ahora) que se pregunta qué demonios hacer, a esta altura del partido, con todo lo que hubo: es las dos cosas.

Vincere es la película más artificial posible: blanca, negra y gris, sin color (excepto el rojo socialista, que desaparece rápidamente), con primeros planos escabrosos y velocidades espasmódicas, con carteles que recuerdan a las interrupciones brechtianas y que, lejos de cualquier realismo, imitan las tipografías que quedaron como signo de una época, con ejércitos de animación que cruzan la pantalla para indicar la guerra. Bellocchio cuenta la Historia con mayúscula a fuerza de condensaciones y alusiones: para indicar el enfrentamiento entre la izquierda y la derecha en Italia durante la I Guerra Mundial pone a dos bandos a gritarse consignas en un cine, mientras en la pantalla marchan los ejércitos; para indicar el ascenso del fascismo pone retazos de documentales donde aparece el Duce en sus momentos más estereotípicos. Más que preguntarse cómo intervenir ese relato, se asume que el relato existe y ocupa el lugar de lo que conocemos como Historia. Entonces, a narrar por afuera, o mejor dicho por adentro (del cine).

Porque la protagonista de Vincere es Ida Dalser, una mujer que fue amante de Mussolini cuando todavía no era el Duce sino un socialista que corría para escaparse de la cana, una mujer abandonada cuando ese hombre vuelve con su legítima esposa para sentar cabeza y convertirse en Mussolini. El “todavía” es fundamental: Ida no sabe que Mussolini es Mussolini pero actúa como si supiera que va a serlo. Quiero decir: Ida no reclama amor, reclama que se la reconozca como esposa legítima, como la mujer que acompañó a ese hombre en su ascenso por la historia, que gastó todo lo que tenía para ponerle un periódico, que participó en todo mientras él se convertía en el que fue. La locura de Ida consiste en una especie de anacronismo, porque toma la forma de no darse cuenta de que Benito Mussolini es ahora Benito Mussolini. Continua…

Posteado en Estrenos, Festivales.

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Arrested development

Greenberg / Noah Baumbach / 2010 / Estados Unidos

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Me faltan 3 años para llegar a la famosa “barrera de los 30” y la verdad es que hay días en que me pongo a pensar si habré hecho algo realmente útil en mi vida para cuando llegue a esa edad ¿Pude cumplir los objetivos que me propuse cuando era adolescente o sigo todavía con el mismo estancamiento que cuando tenía 20? La verdadera pregunta sería: ¿En realidad me propuse algún objetivo en primer lugar o sólo dejé que todo fluyera? Todavía no lo sé. Sé que tuve sueños, expectativas que quizás no se cumplieron (todavía) pero de a poco me entra un temor en el cuerpo, esa cosa tan complicada en la vida que se llama ser adulto.

No se asusten, no voy a hacer una catarsis personal en medio de una crítica, pero pasa que viendo en Greenberg al personaje del título algo fuerte me hizo clic en la cabeza. ¿Se puede ser tan inseguro aún a los 40 años? A Roger Greenberg el aviso de la adultez no llegó a la puerta de su casa. Un neoyorquino amargado, sarcástico y antisocial hasta el cansancio, Greenberg es un tipo que lisa y llanamente no sabe qué carajo hacer de su vida, aunque no se lo pregunte demasiado durante el film. Se nos dice que es escritor, pero lo único que lo vemos escribir es cartas de protesta a diferentes empresas multinacionales. Recluido en la casa de su hermano en Los Angeles, mientras este anda de vacaciones con su familia en Vietnam, Greenberg pasa el tiempo con su amigo de la secundaria al que utiliza de receptor de los ácidos comentarios que hace acerca de sí mismo y de la gente en general. Pero algo va a cambiar en la vida de Roger, y eso va a suceder cuando conozca a Florence, la asistente personal de Phillip, una joven veinteañera de personalidad más irreverente y volátil que la suya. Florence recién esta empezando a vivir la vida adulta, mientras que Roger ya anda por la mitad de la suya, y es en ese choque entre ambos mundos donde se haya la tensión en la nueva película de Noah Baumbach, el mismo de Historias de familia y Margot at the weddingContinua…

Posteado en DVD.

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Siga participando

El Origen / Christopher Nolan / 2010 / Estados Unidos, Gran Bretaña

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Christopher Nolan plantea El Origen como un juego. A priori el objetivo parece divertido: hay que meterse en los sueños de un cristiano y allí manipular su inconsciente e implantar una idea. Quienes lo logren en tiempo y forma ganan la competencia y -como dirían Pinky y Cerebro- dominarán el mundo.

Acto seguido la película se aboca a revelarnos las intrincadas reglas de este juego. Inclusive, Nolan planta un personaje (el de Ellen Page, la novata arquitecta de sueños) al que van destinadas todas las explicaciones necesarias para entender el argumento y jugar a seguir la trama de los aventureros intrusos oníricos. Tenemos que prestar atención para no perdernos porque las normas se apilan escena tras escena: incluyen teorías físicas (conceptos alterados de tiempo y espacio) y psicológicas (revuelve en forma un poco precaria e irrespetuosa las especulaciones otrora erigidas por el viejo Freud). Hay que tener ojo porque se formulan principios e, inclusive, excepciones a esos principios.

Nosotros estamos distraídos tratando de entender para no perdernos detalles y descubrir ese esqueleto normativo en el que supuestamente se desarrollará la trama. Pero el juego tiene una trampa: mientras nos ocupamos de seguir esos principios, no nos damos cuenta que la película avanza y avanza, pasan dos horas y media y adentro de ese esqueleto que se armó y que nos aprendimos no ocurrió gran cosa. Pasa que aprender a jugar El Origen es interesante, pero jugarlo es aburrido. Porque adentro de toda esa estructura hay cosas poco originales y ya vistas: imágenes grandilocuentes construidas con computadora, gente que se persigue y se pega tiros, una intriga comunacha y un romance culposo y trillado. El Origen aprueba el teórico, pero falla en el práctico, se engolosina tanto en crear y explicar normas para el juego, que encorseta a los jugadores (protagonistas y espectadores) y no los deja respirar.  Continua…

Posteado en Aventuras, Ciencia Ficción, Directores, Estrenos.

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Ante la ley

Police, adjective / Corneliu Porumboiu / 2009 / Rumania

police adjective porumboiuEn el Bafici circulaba un rumor bastardo, infundado: decía que a Police, adjective le sobraba la primera hora y media. No escuché lo mismo de películas que hacían un uso excesivo de planos fijos donde no había mucho para mirar, sino de la que para mí fue la mejor de todas de todas las que vi. Es raro, pero así son los rumores y nadie tendría que prestarles atención. Con seguridad, éste había surgido de la boca de quienes siguen disociando la forma del contenido. ¿De qué otra manera se podría contar una historia donde lo fundamental es el tiempo en todas sus dimensiones? El tiempo como pasado, presente y futuro, y como algo relativo que en el día a día se estira o se acorta según el grado de acción.

Cristi, el protagonista, es un joven policía que tiene la misión de seguir a un grupo de chicos de secundaria que fuman hachís. En su deambular moroso, que nada tiene que ver con las investigaciones policiales que podemos ver en Hollywood, la película impone, a su vez, otro seguimiento: el que hace el espectador de Cristi. Tal vez es ahí donde se engendra el absurdo rumor que, sin dudas, es signo de una falta de atención al andar del protagonista, a los pasillos y recovecos de la institución policial y a los pequeños diálogos que va manteniendo con diferentes personajes. Todo está ahí desde los primeros minutos. Mientras se van anidando unos temas con otros, la burocracia, la repetición, el absurdo, la ley, la moral y las instituciones dilatan el tiempo y generan el nudo que provoca la espera.

Porque Cristi siempre está a la espera. Vigila la casa de uno de los chicos y espera. Los observa fumar porro frente a la escuela y espera que tiren la tuca para recogerla como indicio del delito. Sobre todo, espera encontrar una prueba que demuestre que alguno de los investigados está traficando, porque sabe que la ley de su país puede mandarlos varios años a la cárcel sólo por consumir y eso va a pesar en su conciencia. Pero no hay peor espera que la de algo que, ya se sabe, no va a llegar. De cualquier forma, Cristi retarda la investigación y pospone el encuentro con su jefe mientras intenta dirimir sus dudas.   Continua…

Posteado en Festivales, Independiente.

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Miss respetos

Miss Tacuarembó / Martín Sastre / 2010 / Uruguay, Argentina, España

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Diez millones de frascos de perfume, Coqueterías y Mujercitas, un casette de Parchís, un muñeco de Alf, un vestidito de Mi pequeño pony, una cabrita que se llama Madonna, Jeannette Rodríguez en el televisor haciendo de Cristal con Carlos Mata, la música de Flashdance, los lentes flúor, los jardineros de jean, nenes que dicen “Qué copante” o frases como “La gremlin esa”: desde el emporio de los ochenta (“No me gusta nada que sea de los noventa” dice en un momento Natalia) llega una historia recompleja, retorcida, banal, que a todo el mundo le viene gustando –menos a la iglesia, me imagino. Punto para Martín Sastre, que estrena justo en la semana del deschave retrógrado.

Miss Tacuarembó es Natalia (pero no, porque acá todo es mentira), una nenita que de pueblo chico y ultraconservador-opresivo-grotesco, sueño mediante, viene a Buenos Aires para presentarse a cuanto casting pueda y así cumplir el sueño de cantar y bailar, como Madonna, como Jennifer Beals, veinte años después del apogeo ochentero de las mismas. Hay algo trágico de por sí, en ese sueño. Natalia ahora tiene treinta, un par de arruguitas debajo de los ojos, y el mundo es un poco distinto: es el mundo del reality. Por eso el sueño –acaso degradado, ah, tema para pensar- es salir en el programa conducido por Rossy de Palma y, excusa del reencuentro con una madre que no se quiere mediante, terminar cantando frente a la cámara.

De los ochentas aburridos y pueblerinos –relato centrado en una iglesia tremebunda comandada por la siniestra mandamás del pueblo (sorpresa ahí), contracara mal vestida de la mandamás real que pasa en auto revoleando pañuelos perfumados- a la actualidad de la changuita en Cristo Park, parque temático cristiano (más redundancia por mi parte imposible), hay muchas ideas y vueltas espiraladas y confusas, imprevistas, que el espectador de buena voluntad, ya sea porque tenga diez o le guste Natalia o comparta la nostalgia por los ochentas o porque se entregue como nunca nadie a la fragmentación caótica del mundo, podrá disfrutar como chico en el carrito de tren fantasma, de giros bruscos y sorpresas sorpresivas que quieren sorprender, y que harán al espectador escéptico preguntarse si este Sastre sabe armar un traje. Continua…

Posteado en Comedia, Estrenos.

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La imagen movimiento

Green Zone / 2010 / Paul Greengrass / Estados  Unidos
Red Cliff Parts 1&2 / 2008-09 / John Woo / China

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Terminado el mundial y habiendo poco de interés en la cartelera porteña (en serio, sacando a Toy Story 3 y Océanos no hay nada bueno) decidí el pasado fin de semana internarme a ver cine en mi casa, ya que a veces lo mejor se encuentra pirateado en un videoclub amigo o directamente bajado por Internet. Así me encontré con los últimos filmes de dos directores que admiro mucho, por un lado lo nuevo de Paul Greengrass (el mismo de las dos últimas películas de la saga Bourne y de Vuelo 93) llamado Green Zone, y por el otro una épica china dividida en 2 partes llamada Red Cliff, que marca el regreso a su país de origen del legendario John Woo luego de fracasar en Estados Unidos con su última película El pago. Fue muy extraña la sensación que tuve después de ver estas dos películas con tan poco tiempo de diferencia una de la otra. Pese a las diferencias tanto temáticas como narrativas que existen entre ambas hay un nexo que las une, y es la pasión que tienen por capturar el movimiento delante de una cámara.

Tanto el cine de Paúl Greengrass como el de John Woo se basaron siempre en la idea de la acción constante, ya sea en contextos más realistas como los que se suceden en las películas del director británico o en escenarios propios del imaginario cinematográfico en el caso del realizador chino. Pero lo interesante en ambos casos es que si bien ellos persiguen la misma idea del movimiento fluido de sus criaturas a través de la acción y la adrenalina, no pueden ser más diferentes en cuanto a la forma de demostrarlo. En películas como Domingo sangriento, La supremacía Bourne o Vuelo 93 la acción es inmediata, ágil, y la cámara en mano junto al montaje frenético obliga a que los planos sólo puedan ser leídos en función de un objetivo a alcanzar por los protagonistas. Así sea en forma de la acción pura como en la saga Bourne o de la dramatización de hechos reales como en Vuelo 93, tanto la estética con cámara en mano cercana al documental como la narración en el cine de Greengrass funcionan en base a crear el movimiento como algo visceral. Algo que estamos viviendo a la par de los protagonistas, mientras corremos junto a ellos para alcanzar algo concreto, tangible, que nos permita frenar esa adrenalina constante.

En Green Zone, lo que busca el protagonista Roy Miller es la verdad. Sargento de un batallón de soldados en Irak apenas comenzada la invasión norteamericana en el país de Medio Oriente, a Miller le es asignado encontrar armas de destrucción masiva (las famosas WMD) en el lugar. Pero cansado de volver de sus misiones con las manos vacías, decide actuar por su cuenta e investigar cuál es la fuente secreta que falsificó la existencia de tales amenazas y desenmascararlo ante la prensa. Greengrass establece así su relato contemporáneo como una lucha solitaria de un hombre contra un sistema corrupto que impedirá que la verdad salga a la luz, generando un juego contra el reloj entre unos y otros por llegar a esa verdad y utilizarla con distintos fines. La forma que toma Green Zone es la de un tren bala sin frenos que se mueve en una sola dirección y con un objetivo claro al cual llegar, y la sucesión de cortes rápidos de montaje junto a una música que marca una pulsión constante funcionan para llevar a cabo esa idea especifica.   Continua…

Posteado en Pirata.

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