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Las flores del cerezo I: Canción para mi muerte

Las flores del cerezo / Doris Dörrie / 2008 / Alemania, Francia

flores

Qué problema tenemos los humanos con esto de tener que morirnos. Nos pasamos la vida haciéndonos los que la Parca no existe hasta que un buen día nos toca el hombro, se lleva a alguien que tenemos cerca y nos avisa que tarde o temprano también va a salir nuestro número en la rifa.

Y Doris Dörrie se metió con este tema tan delicado. En Las flores del cerezo una pareja de ancianos vive los últimos momentos de su vida, hace balance y trata de saldar cuentas pendientes con sus seres queridos y con el destino.

La inminencia de la muerte pone a los protagonistas de la historia en situación de extrañamiento y los obliga a comprender que cada gesto es significativo cuando se trata de uno de los últimos. Por eso cada movimiento de los ancianos, cada lugar que visitan y cada objeto que los rodea se tornan elementos simbólicos en la puesta en escena de esta película, la mayoría de las veces mucho más importantes que los diálogos.

La cámara digital de Dorrie se mantiene siempre muy cerca de sus personajes, tanto física como emocionalmente, pero los retrata con pudor, con el respeto que debe tener quien acompaña a otro que está sufriendo. Por nuestra parte, los espectadores agradecemos esa sobriedad típicamente germana que nos libera de la innecesaria experiencia del golpe bajo porque, como todos sabemos, para dura ya está la vida.

Pero no todo son loas para Las Flores del cerezo. Hay algo que le hace ruido a la historia y tiene que ver con una fascinación que vienen mostrando las obras de Dörrie por la cultura japonesa. Ya en sus últimas películas los protagonistas iban a Tokio para descubrir la verdad nipona de la existencia; ahora tampoco se salva el viejito viudo de su viaje al Imperio del Sol Naciente. La extrapolación de culturas oriental/occidental estaba justificada en el argumento de Sabiduría garantizada cuando contaba las peripecias de dos alemanes que querían convertirse al budismo, pero en esta nueva película queda forzada y suena antinatural. Los postulados japoneses  encarnados en viejitos más alemanes que el Oktoberfest suenan tan artificiales y sobreactuados como los japoneses convertidos al capitalismo que agobian de sordidez y de luces de neón el centro de Tokio.

Pero no se dejen influenciar por esta observación mala onda de un espíritu eternamente inconforme. Superen sus fobias, enfrenten el tema tabú y vayan al cine. En el dolor y la melancolía también se puede encontrar belleza y Dorie Dörrie nos la ofrece con arte en Las Flores del cerezo.

Posteado en Estrenos.

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5 comentarios

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  1. Marina Yuszczuk dice

    Ey, ya me voy dando cuenta cómo viene la onda de este blog: en el 75% de los títulos aparece algo relacionado con la muerte: vamos a morir todos, vejez, eutanasia, canción para mi muerte, fuera bichos (?), etc. Unos chicos alegres.

    La única manera de levantar es que los próximos 12 se titulen “Vivitos y coleando”, “Qué lindo es estar vivo”, “Qué suerte haber nacido en Argentina”, “Aguante nacer” y “Nacido para vivir”. De lo contrario, como lectora me mudo a un blog más lindo. Y más ahora que llegó la primavera, a ver si se ponen a tono muchachitos. :)

  2. Marina Yuszczuk dice

    Ah me gustó lo del pullovercito para siameses. :)

  3. Paola Simeoni dice

    Los viejitos estarán por irse a tocar el arpa, pero no me digas que no son amorosos, así juntos en el mismo saquete de lana. Este blog apuesta por el amor, compañera!!!!

  4. Marto dice

    Si voy a postear sobre esta película va a ser difícil levantar el ánimo de este blog. ¿Qué hay en cartelera que no sea para hacerse el seppuku?

  5. MARISA dice

    La crítica me pareció muy buena aunque bastante ácida.¡ojo con los viejitos! Todavía estamos dispuestos a seguir dando batalla sin pensar tanto en la parca



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