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Julie & Julia I: Elogio de la vejez

Julie & Julia / Nora Ephron / 2009 / Estados Unidos

meryl

Julie & Julia no es una gran película, la verdad. Nada del otro mundo. Nora Ephron puede hacer películas, de eso no hace falta ponerse a hablar acá, aunque tal vez de todas las que hizo hasta ahora esta sea la que peor maneja los conflictos o la falta de conflictos. Porque la verdad que en Julie & Julia no pasa nada. Julia Child (Meryl Streep) es una norteamericana que forzada a vivir con su marido diplomático en París, y como no tiene nada que hacer y le gusta la comida, se pone a hacer un curso de cocina francesa y termina escribiendo un libro, que seguramente los norteamericanos deben haber olvidado o no conocido jamás si hay que juzgar por las cosas que comen en sus películas (se sabe, el famoso plato sano y variado con un poco de carne, muchos frijoles verdes, algunas zanahorias chiquititas y con suerte un poco de puré, todo muy seco y muy insulso –si al menos lo regaran con aceite de oliva, en una de esas…). Esto pasa entre las décadas del ’50 y ’60. En el presente transcurre la historia de Julie (Amy Adams), una chica sencilla, casada y a punto de cumplir treinta, con un trabajo feo y bastante frustración encima. Como quería ser escritora y no pudo, y como también le gusta la comida, se pone a escribir un blog cuyo proyecto es ensayar todas las recetas del libro de Julia Child en el transcurso de un año. Las película alterna las dos historias; Julia y Julie nunca se cruzan pero al cabo de un año Julie ama a Julia y siente que la conoce y, como le dice el marido, no le hace falta encontrarla personalmente porque a través de su libro conoce a “la verdadera Julia”, que vendría a ser algo así como su alma. Una pavada. En medio de todo esto, como tenía que pasar otra cosa aparte de gente deshuesando patos en la pantalla, Julia teme que no le publiquen el libro y Julie se pelea (por una noche) con el marido.

Y sin embargo, Julie & Julia es una película espléndida. Primera razón: está Meryl Streep. Segunda razón: hay mucha comida. Bueno, el orden puede ser el inverso, eso dependerá de las preferencias de cada uno. Lo que no puede negarse es que cuando Julia saborea un pescado a la manteca uno siente que en la vida hay cosas buenas y que el placer es una cosa importantísima. No pasa lo mismo cuando Julie y el marido comparten una torta de chocolate, aunque es una belleza ver cómo se hunde la cuchara en esa masa húmeda, seguramente llena de manteca, y habría que pensar por qué. Conozco pocas actrices a las que pueda aplicarse el adjetivo de “reales”, con todas las dificultades que eso implica, y sin embargo mucho del encanto de Meryl Streep tiene que ver con hacer que todo sea real en la pantalla. Amy Adams es una muñeca insulsa, de eso no voy a hablar, encantadora como pueden serlo Julia Roberts o Cameron Díaz en su mejor momento, y demasiado esforzada en este caso por parecer Meg Ryan, con sus mohínes un poco infantiles y sus ojos celestes y su pelo cortito. Ay ay ay. Meryl, en cambio, está espantosamente chillona (parece que Julia Child era así, si no vean la imitación de Dan Aykroyd que Julie y el marido miran por la tele), tiene un peinado feo y una ropa de lo más insulsa; ¿cómo puede ser tan adorable? En una de esas sea porque es grande, tiene arruguitas al costado de los labios y esa sonrisa fina que proviene de la dificultad, incluso de la amargura. Puede ser que no sea más que un efecto de la combinación de ciertos rasgos pero de todas formas poco importaría, cine es lo que se ve y en este caso las apariencias no engañan. Meryl Streep tiene un matiz muy leve de cara de sufrida, una cierta resignación, algo muy digno, y cuando sonríe no parece una sonrisa de sopa instantánea como la de Meg Ryan o Amy Adams sino una sonrisa ganada a años y años de experiencias y pérdidas y cosas difíciles (“Beauty is difficult” es una de las cosas más verdaderas que dijo el poeta Ezra Pound).

Por eso nos gusta tanto verla comer: da la idea de que el placer también es algo que se aprende, algo muy vital que puede dar sentido incluso cuando muchas otras cosas pierden sentido. Y por ella vale la pena ver Julie & Julia. Y además de esa sonrisa, de ese cuerpazo de persona que disfrutó la vida y de un marido como Stanley Tucci que adora verla cocinar, tiene, para demostrar la generosidad de esta película, una hermana tan alta y aparatosa como ella que se llama Jane Lynch. Si yo tuviera dos tías como ellas, y si además de ser mis tías me hicieran de comer un boeuf bourgignon en una cacerola enorme, la vida sería un poquito más linda.

Posteado en Cine rosa, Estrenos.

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6 comentarios

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  1. Nico dice

    Bueno, Marina, debés ser el primer crítico de cine al que no temo dirigirle la palabra, y el primero al que le hago caso: lográs que salgamos corriendo a ver una película que decís no es gran cosa. No es un mal comienzo. Y encima nos dio hambre. Así que ahora a la mesa, a brindar también por este blog. La crítica es un bingo! Bon appetite!

  2. Ana dice

    al cine vamos poco y nada; no sé si ahora voy a ir más que antes, pero ya nada será igual en nuestras vidas si podemos leer críticas como esta… ¡Muy bueno! un beso.

  3. Santi-freak dice

    Congratulations!! Muy buena critica de una no muy buena pelicula (en mi opinion).

  4. Martín Stefanelli dice

    Santi, yo pensé que eras fan de Meryl!

  5. emilia dice

    Oh la la! Me encantó,
    me puso contenta y me dió hambre, qué más puedo pedir?

Continuando con la discusión

  1. Julie & Julia II: Elogio de la eutanasia – ¡Esto es un bingo! enlazó este post el Septiembre 23, 2009

    [...] metáfora es mala pero, pidiendo perdón, paso  a explicarla. Como ya se comentó en este blog, la película cuenta la historia de dos cocineras, una profesional y otra amateur, una del siglo [...]



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