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Penélope

Los abrazos rotos / Pedro Almodovar / 2009 / España

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Fui a ver Los abrazos rotos ayer a la tarde y hoy necesité ir de nuevo. Estoy pensando en ir una vez más durante la semana, pero voy a ver. Ayer casi me disgutó la película; me cuesta soportar un plano con dos personajes diciéndose cosas importantísimas por celular, y aparte estaba en fila 4 y me parecía que era imposible abarcar toda la pantalla con la vista. Hoy fue mejor. La disfruté como loca y amé cada segundo.

Me declaro enamorada del cine. No voy a escribir una crítica porque no quiero ni puedo; Los abrazos rotos para mí es esto: las tetas de Penélope Cruz y la boca de Tamar Novas (Diego) que me dieron ganas de tocar mientras él estaba durmiendo, entre enamorada y madre; la mirada de madre preocupada de Angela Molina y todas las miradas de Blanca Portillo, que de todos es la más apasionada pero la que no habla, siempre sufriendo al margen y con una intensidad que justamente por contenida es más intensa.

Y lloré cuando Almodóvar hizo este plano que es lo que siempre siento con el cine cuando me toca así: el protagonista, que hace muchos años se quedó ciego, recupera un video donde aparecen los últimos momentos que vivió junto a la mujer que amaba. En ese video ellos van en auto y en un momento se dan un beso, “un beso normal, de esos que se dan las parejas por inercia”, le dice Diego, encargado de ver por él, y que fue lo último que sintió ella justo antes de morirse. El ciego se acerca a la pantalla y apoya las manos en las caras de él mismo y de la mujer que quiso, como única manera posible de ver ese beso, y le dice a Diego con voz susurrante, humilde, casi quebrada, mientras vemos únicamente en la pantalla sus manos sobre la otra pantalla donde ocurre el beso: “Ponlo cuadro por cuadro, para que dure más”.

El dolor y la fascinación del cine tienen que ver para mí con lo intangible, con esa luz que se proyecta sobre una pantalla y es una película pero que no se puede detener ni tocar; un poco menos, pero algo parecido, a lo que pasa cuando se está por terminar un libro, como ahora me pasa de nuevo con Proust, y se quisiera hacer durar para siempre esas miles de páginas que de repente nos parecen breves. Entonces empezamos a leer frase por frase, palabra por palabra, cada vez más despacio, para que dure más.

Posteado en Estrenos.

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2 comentarios

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  1. Paola Simeoni dice

    Para que nunca acabe lo bello, teja y desteja la película, Penelópe….

  2. Martín Stefanelli dice

    Sólo una cosa… qué rica está Penélope.



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