
Esta semana hubo debate en la redacción de ¡Esto es un bingo! sobre la pertinencia o no de darle relevancia a una película como Luna nueva en el blog, y finalmente ganaron los que opinan que vale la pena pensar no tanto sobre la película sino más bien sobre el fenómeno que genera. Hace tiempo que cayó la división entre alta cultura y cultura de masas, y por suerte la crítica de cine suele hacerse cargo de esta nueva situación al tratar a las películas como productos culturales que tienen que considerarse no sólo por su valor artístico sino en su calidad de síntomas de la cultura y la sociedad en que vivimos. La actitud contraria sólo produce gestos de desprecio vacíos en los que el crítico no puede hacer mucho más que dejar constancia de su estupefacción y desconcierto ante productos de los que no tiene nada para decir, como hizo Diego Batlle en Otros cines.
Entonces, como somos curiosos y un poco trasheros, buena parte de la redacción de este blog fue ayer al Abasto a ver Luna nueva pensando que en el mejor de los casos sería divertido asistir a una proyección en la que las chicas jadearan y tiraran pochoclos ante la aparición de Robert Pattinson y Taylor Lautner sin camisas. Desgraciadamente no hubo nada de esto, el tedio superó a la diversión y salimos del cine estupefactos y desconcertados. Nadie pareció divertirse. Convenimos en que Luna nueva es una película sólo porque esa pegatina de planos pésimamente hecha se proyecta de una sola vez en una sala de cine. Por lo demás, la porquería que vimos superó ampliamente nuestra capacidad de gozar lo berreta como si fuera una hamburguesa de McDonald´s.
Ya lo dijo Leonardo D´Espósito en una nota publicada en su blog que recomendamos mucho: Luna nueva es un producto cabal de esa cultura norteamericana esquizofrénica, de ese reino del doble discurso en el que se convoca a una multitud de chicas al cine para calentarlas con oleadas de histeria entre unos chicos de perfiles publicitarios y a la vez se les dice subrepticiamente que no deben coger, que el sexo es un asunto peligroso que demanda un esfuerzo sobrehumano de control y que ese control vale la pena. Los que leímos la saga Crepúsculo (y a partir de ahora hablo a título personal) ya sabemos que finalmente Bella y Edward consuman su relación en el último tomo bajo la sagrada institución del matrimonio. Esto no sería tan retrógrado si por lo menos se ofreciera un producto digno de calentar a alguien, pero lo que sí debería preocupar es con qué se calientan los adolescentes hoy en día.
Hubo un tiempo, y para muchos seguramente sigue siendo así, en que el sexo era un asunto que se enseñaba en la escuela pero cuyo verdadero aprendizaje se realizaba furtivamente en momentos robados al cine y la literatura. Me acuerdo del beso húmedo, casi incestuoso de Los goonies cuando Andy se confundía de hermanos y besaba al menor en una caverna oscura. Yo era muy chica y probablemente fue la primera vez que me di cuenta de que me había calentado. Había otro beso al final, el de Andy con Brand, que era el galán que le estaba destinado desde el principio, pero me quedo con el beso entre Andy y Mikey porque su carácter furtivo, que solamente ahora puedo explicar. Ese era el sueño, que los momentos iniciáticos llegaran de manera secreta, casi por error, irresponsablemente. Después había que ingeniárselas para seguir aprendiendo, entonces se podía hurgar la biblioteca de los padres para ver si había libros que pudieran aportar algo más. Así encontré Cien años de soledad, y me acuerdo también de esa lectura febril que duró dos o tres días, encerrada en la pieza, a solas, y fascinada por ese personaje del que no recuerdo ni siquiera el nombre y que esperaba a su amante acostada en el piso del baño y con la ventana abierta, en noches calurosas y plagadas de insectos, para vivir un amor también prohibido.
El amor de Crepúsculo se vende como prohibido, pero lo único que lo marca como tal es que Edward no quiere coger con Bella por miedo a lastimarla, cosa que finalmente demuestra ser nada más que prejuicio y paranoia. Por otra parte, la sensualidad estereotipada de Edward (Robert Pattinson) y Jacob (Taylor Lautner) es un atentado contra el erotismo. Me cuesta y casi no quiero imaginarme cómo coge una generación –estoy exagerando, claro- que se educa con estos estímulos visuales pobrísimos e indeseables, con estos chicos que no saben caminar ni pararse derechos, que no tienen otra mirada que el gesto hiperestúpido de entrecerrar los ojos y juntar las cejas que se ven en todos los afiches y que se suponen “sexys” porque tienen la panza chata y los brazos inflados como globitos. Sólo puedo esperar que entre cada entrega de Crepúsculo las chicas de hoy accedan, zapping o lecturas furtivas de por medio, a otros modelos de sensualidad que puedan alimentar con algo más de variedad noches de fantasía y de masturbación furtiva y silenciosa, un poco aparte del mercado.










Modelos mascúlinos berretas en el cine siempre hubo. Yo por ejemplo recuerdo al salame de Tom Cruise que sacudiendo una coctelera nos encendía a las niñas en los fabulosos ´80. El problema, ahora y por entonces, sigue siendo la docencia de medio pelo en la pantalla grande y, sobre todo, lo mega-archi-super-zarpada de aburridas que son las películas.
Sí, pero yo hablaba más de calentarse con lo que no está preparado y calculado para eso, por eso no hablé de Patrick Swayze en Dirty dancing o de Bowie en Laberinto.
Con el nenito de los Goonies te podías identificar porque era un verdadero preadolescente con frenillos, que ligaba un beso de la chica más linda por casualidad. Ahora que lo pienso, qué ñoñas son las películas ahora! Bowie deseando de esa Jennifer Conelly casi niña era un escándalo!
Wah… me siento en territorio “enemigo” posteando en esta review (fue eso?) ya que habla de modelos sexys y masturbacion, cosas alejadas del mundo masculino ( yeah, right… xd) pero a favor debo decir que la 1º la vi en partes (estaba en el cine y no le preste mucha atencion, la verdad) y no me habia parecido tan mala, es mas, sidno una persona que durante mucho tiempo vio – y disfruto – Buffy me parecio hasta simpatica y si bien todavia no he visto la secuela, la cual en algun momento vea, la voy a ver con los mismos ojos con los cuales observo los dibujitos que me presenta mi sobrinito: ?_?.
Marina como bien dices esto hay que tomarse como lo que es una producción hecha cual hamburguesa de McDonald´s, desabrida y bien artificial y que hace parte de la cultura en la que entre mas aparente y bonito sea mejor. No la ví y me parece que voy a esperar a que la pasen por televisión para verla cuando todas las opciones para hacer algo mejor se agoten. Me queda una pregunta por hacer, ¿ La banda sonora estaba igual de tonta a la película?
La música es espantosa, Sandra! Eso también nos sorprendió!
Habría que pensar qué pasa (si es que vale la pena dedicarle tiempo a eso) porque Crepúsculo ya tenía muchas de las cosas ridículas de la segunda pero sin embargo era una película, y yo la vi dos veces. No sé por qué. No me produjo mucho pero se podía ver, en cambio con Luna nueva sólo deseábamos que terminara, gran problema!
Esta es una buena semana, así que vayan a ver Let the right one in y 2012.
Besos.
Me niego a ver 2012.