Avatar / James Cameron / 2009 / Estados Unidos
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Muchas de las críticas que leí sobre Avatar coinciden en un punto: los aspectos técnicos y visuales de la película son impresionantes, se trata verdaderamente de un espectáculo para la vista, pero la historia es banal y trillada, las actuaciones malas y el guión deficiente, plagado de lugares comunes. En este tipo de críticas parece existir el presupuesto de que una película puede dividirse en los distintos factores que la componen –cosa que indudablemente es cierta en el momento de escribir una crítica, pero no en el momento de la recepción. Por esa forma de descuajeringar una obra es que llamo a estos textos “la crítica de los ítems” (por acá el contenido y la historia, por allá la fotografía y el sonido, y suele no faltar una mención especial a la actuación de alguien).
Por otra parte, suele decirse que todas las historias, si se pela la cáscara que las reviste de características particulares y las sitúa en un tiempo y espacio determinados, si se saca la pulpa que pone variaciones en el contenido, se reducen a dos o tres historias antiquísimas de las que surgen todas los demás. Esto se acepta muchas veces como una verdad universal, pero jamás, jamás, sirve como punto de partida para la crítica de una película en particular. Muy por el contrario, no es ni siquiera un punto de llegada, sino más bien un callejón sin salida. “La historia es siempre la misma, se trata del choque entre dos civilizaciones, etc.”, se dice, y entonces se meten en la misma bolsa relatos de lo más disímiles, a los que no les sirve para nada estar en una bolsa.
Estoy rabiosamente en contra de esa visión por la cual las historias son siempre las mismas y sólo hay dos o tres relatos básicos que no hacen otra cosa que variar a lo largo del tiempo, como si las variaciones en la técnica no transformaran radicalmente el contenido de esos relatos y los vincularan a una época. Desde esa perspectiva, Avatar cuenta una historia bastante conocida, estamos de acuerdo. Sólo que una película no es una historia. Pienso que una película es ante todo una experiencia, tanto intelectual como sensual y física, completa, y en ese sentido, Avatar es una experiencia nueva. La historia es la de nuestra civilización humana –personalmente no acuerdo con estos términos generalizadores, que no hacen otra cosa que ocultar las diferencias al interior de esa civilización- que después de haber destruido a su madre, la tierra, se vuelca hacia otros planetas para explotar sus recursos naturales, devastación de por medio. Sí, es innegable todo lo que semejante ecologismo soslaya, pero este punto de partida le sirve a Cameron para mostrarnos otro mundo que se llama Pandora.
En Pandora –la que ofrece todos los dones, que es lo que el nombre significa- viven los Na´vis, una población que aprendió a dominar a la naturaleza pero respetándola y agradeciendo todo lo que obtienen de ella como algo que no les pertenece, que se les da en préstamo y que después tendrán que devolver. Todo esto es bastante básico, insuficiente sin lugar a dudas para cualquier cabeza más o menos intelectual que haya leído un poco de filosofía y religión. Pero Pandora se vuelve una experiencia, y hasta una experiencia de lo sagrado, por la manera en que Cameron nos hace caer las semillas blancas del árbol sagrado encima, nos hace sobrevolarla montados en los banshees y ver cómo Neytiri dobla delicadamente el capullo curvado de una flor para tomar el agua que está adentro. Cuando vemos cómo el cadáver del hermano de Jake, envuelto en una bolsa de plástico marrón, es entregado a las llamas en una caja, sin ceremonia, sin darle ninguna importancia, igual que se deshecha una bolsa de basura, y vemos mucho después el entierro de un Na´vi al que sus compañeros cubren de flores para devolver a Eywa, la tierra, no hacen falta más que esas dos imágenes para hacer una reflexión sobre la manera de procesar la muerte en nuestra cultura. ¿Qué tiene que ver “un buen guión” con todo esto?
Avatar cuenta una historia conocida pero en mi opinión lo que marca la diferencia en esta película es que nos ubica completamente del lado de los otros para vivirla. Leí críticas de la película en las que se dijo que había un uso interesante del 3D, pero nunca se dice muy bien adónde reside ese interés. En mi opinión, es muy claro que Cameron usa las tres dimensiones para situarnos en el punto de vista de los Na´vis, para ponernos del lado del otro. Para dar sólo un ejemplo: cuando empieza la guerra, el ejército norteamericano dispara sobre los Na´vis y las bombas vienen hacia nosotros, porque somos ellos. Nos sentimos atacados. De hecho en Avatar hay una frase parecida a la que destaqué en Let the right one in (Eli le decía a Oskar “Sentí lo que yo siento”). En este caso es la doctora Augustine (Sigourney Weaver) quien le dice a Jake (Sam Worthington), durante su entrenamiento en la cultura Na´vi a cargo de Neytiri, “Tenés que aprender a ver el bosque con los ojos de ella”. Tan completo es el cambio de bando de Jake que ese abrir los ojos que comentó mi compañero constituye el nacimiento del personaje a otra vida, completamente nuevo, convertido en otro, después de abandonar su cuestionable humanidad. Que el cine pueda instalar por un segundo ese deseo en nosotros, no me parece poco.
Jake puede hacer esa experiencia porque existe un adelanto técnico llamado avatar que le permite conectar su sistema nervioso con el de una criatura que se parece a él pero que tiene otro cuerpo, un cuerpo que puede recorrer Pandora, sentir la tierra (correr es lo primero que hace Jake cuando prueba su avatar, y vemos los pies hundirse en la tierra con un placer enorme), vivir lo que viven los Na´vis. Nosotros podemos hacerlo porque existe el cine, que también es avatar, y en este caso porque existe el 3D. En una de esas hay que estar un poco loco de amor por el cine y ser bastante ñoño para conmoverse con esa experiencia, pero hagan la prueba, visiten Pandora y vuelvan un poco más maravillados con todo lo que existe.

Por fin alguien que valora una película que, contra lo que dicen muchos, me gustó. Una experiencia notable, nueva.
Ariel Torres, de La Nación Tecnología escribió un artículo sobre la peli acá, desde el punto de vista tecnológico y que me gustó mucho:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1219465&origen=NLTecno
En resumen, como dice Ariel: “Si alguien aguardaba el insondable Edén, de Stanislav Lem, con la riqueza argumental de Rayuela, de Cortázar, me temo que estaba mirando otra película. Literalmente.”
¡¡Saludos!!
Avatar es una experiencia sensorial, y para disfrutarla es necesario entregarse a esa experiencia. Si te ponés una escafandra intelectual, por más que uses los anteojos 3D no vas a ver nada. Es la primera película que veo en 3D y me alegro de que haya sido justo esta. Estoy de acuerdo con que el cine es avatar, y creo que la literatura también. Una buena novela, como una buena película, si nos entregamos a ellas, nos mantienen por un tiempo en animación suspendida, nos permiten vivir en otros tiempos y en otros lugares.
Recomiendo muchísimo la lectura de esta nota que se publicó hoy en Página/12. Acá, la socióloga Norma Giarracca relaciona el argumento de Avatar con la situación amenazada de muchas poblaciones latinoamericanas en la actualidad.
Los problemas ya estaban, eso es claro, pero si el cine tiene la capacidad de ficcionalizar estas cuestiones para involucrarnos emocionalmente y terminar por instalar estos temas, no es para subestimarlo.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-138305-2010-01-11.html
Con argumentos acerca de la “experiencia sensorial” de Avatar (nada nuevo, un perfeccionamiento digital de los parques de diversiones), este tipo de críticas no sólo propone ponerse los anteojos 3D para ir al cine, sino sacarse la cabeza. Si están tan en contra de las visiones analíticas de un producto industrial tan conservador como Avatar, si solo se trata de “entregarnos a ella” y deponer la función reflexiva, entonces ¿para qué escriben en un blog? Cultivan un antiitelectualismo semi-intelectual, que, por su mala fe, no es ni ingenuidad ni inteligencia. Ni chicha ni limonada, muchacha.
Para leer una crítica verdaderamente inteligente de este producto, recomiendo http://ojosabiertos.wordpress.com/2010/01/22/avatar-2-avatares-del-cine-del-futuro/
Oscar, te contesto a título personal, por más que hables en plural, porque entiendo que te referís a mi crítica en tu comentario (a mi crítica sobre Avatar en particular, aunque hacés juicios generales y rotundos sobre este blog y sobre mi postura como crítica a partir de un solo texto, pero bueno).
No es que no conozca la existencia de Nicolás Prividera; lo conozco y lo leo, sólo que no estoy de acuerdo con su mirada. Por lo que decís, parece que para vos la crítica de él es inteligente y la mía es estúpida o el adjetivo que quiera oponerse a “verdaderamente inteligente” porque no la compartís. Eso supone un poco la idea de que hay una sola forma de inteligencia, que es la que permite llegar a la verdad, y que el resto es error o necedad. Con nada de todo esto estoy de acuerdo. Por otra parte, es raro que plantees una dicotomía tan drástica entre lo que es intelectual y lo que no lo es. Eso se opone a la idea de que el hombre es una totalidad en la que intervienen tanto el intelecto como los sentidos cuando es receptor de cultura (tan cara, me imagino, a alguien que admirás y que viene del marxismo). Me parece que lo sensorial interviene en la recepción de cine y que se puede pensar y teorizar sobre eso sin que implique ningúna antiintelectualismo, se puede argumentar al respecto.
En todo caso, si te gusta tu frase (a mí me gustó más la parte de chicha limonada muchacha) te la acepto pero dada vuelta y matizada: semiintelectualismo semiantiintelectual. Con dos mitades hacemos una cosa, entera y variada.
Gracias por la lectura.
Marina:
Mi comentario se refería principalmente al comentario de Eva, quien dice “Avatar es una experiencia sensorial, y para disfrutarla es necesario entregarse a esa experiencia. Si te ponés una escafandra intelectual…”. Así que fue ella quien instaló la dicotomía que vos me achacás a mí. Como vos no le cuestionaste a Eva que opusiera “sensorial” a “intelctual”, supuse que quizá estabas de acuerdo con ella. Pero resulta que Eva aprueba la “experiencia sensorial” de Avatar en línea con tu valoración y yo no: así que a ella no le reprochás esa dicotomía y me la atribuís a mí.
Pero yo nunca opuse la experiencia sensorial a la intelectual, sólo considero un antiinteectualismo semiintelectual postular en un análisis de una película que a las películas basta con “sentirlas”. Si vos admitís que un “sentir” inmediato nunca basta (si es que realmente el ser humano puede “sentir” sin a la vez “pensar”, cosa que no creo posible), que apelar a que los críticos “sientan” (¡como si fuera posible no sentir!) no parece una buena tesis para defender una película, entonces ahí estaremos empezando a ponernos de acuerdo.
Por otro lado, yo no hice ningún juicio general ni rotundo acerca de los otros post de este blog, sólo me refería a los numerosos comentarios que en muchos medios, en defensa de Avatar, se limitan a reivindicar un “sentir” opuesto a la reflexión. Por otro lado, si bien respondés a mi comentario en primera persona del singular, tu post emplea abundantemente la primera persona del plural: “Nos sentimos atacados” y otros por el estilo, de lo que cabe suponer que hablás en nombre de un colectivo. No sé bien a quiénes abarca ese colectivo, pero por lo visto no me incluye.
Yo te cité a Prividera para no citarme a mí mismo, pero, sólo si te interesa, te dejos unos links donde yo hice mis análisis sobre esta película. Los hice sin anteojitos, sin antifaz, sin escafandra, con los ojos, con los dedos y con la cabeza:
http://tallerlaotra.blogspot.com/2010/01/mundo-de-nylon.html
http://tallerlaotra.blogspot.com/2010/01/la-nueva-critica.html
http://tallerlaotra.blogspot.com/2010/01/avatar.html
saludos
Oscar
Todo este debate me hizo recordar aquella publicidad de Coca Cola Light que culminaba por dictaminar: “Necesitamos menos críticos, necesitamos disfrutar más” (otro de los tantos ataques televisivos a la intelectualidad).
En fin: imposible separar el sentir de la reflexión, ya que van unidos entrelazándose. Aunque no se producen al mismo tiempo. Quiero decir: el sentir da lugar a la reflexión sobre lo sentido.
Saludos!!
EV
Marina, gracias por el enlace de tu coment. pero también por tu aporte sobre Avatar, buen análisis. Me gustaría saber tu concepto de cómo crees que le irá en los Oscar?
Es una buena terapia además por tu visión.
Best regards!