Whip it / Drew Barrymore / 2009 / Estados Unidos

Bliss Cavendar (Ellen Page, Juno para los amigos) decide pagar un par de botas con los pocos billetes que lleva encima mientras sus padres debaten por teléfono si es correcto comprarlas ya que en ese mismo negocio se vende parafernalia cannábica (pipas de agua, bah). Esa decisión independiente se vuelve una contraseña que abre un portal para esta adolescente, es una invocación que detona la inmediata irrupción de un grupo de chicas que, como si fueran hadas madrinas en patines, arriba con unos flyers que anuncian la llegada del “roller derby” (en adelante “derby” a secas) a una ciudad lindera. Por ese mágico guiño que algunos llaman destino, Bliss entiende que debe asistir. Como en un eslogan, se puede decir con certeza que Whip it confía en las imágenes; la primera película dirigida por Drew Barrymore es un relato de crecimiento dotado de una enérgica belleza atesorada en un puñado de escenas ciertamente memorables. En el derby, Bliss vislumbrará su nuevo hogar, ese espacio donde podrá ser y estar.
Sobre el derby hay que decir que es un extraño deporte en el que, en una pista similar a la del ciclismo, dos equipos de patinadoras deben sumar puntos sacándole la mayor cantidad posible de vueltas a sus rivales a fuerza de codazos, barridas y toda clase de golpes. En términos semióticos, se pueden identificar dos principales condiciones de producción para la pista de esta competencia: en primer lugar aparece el ring como espacio de la confrontación cuerpo a cuerpo, y en segundo el escenario del circo y esa conciencia de espectáculo que denota a través de su puesta en escena. Y de ambas, el derby hereda la figura del presentador vociferante como mediador entre el espectador y el show.
A través de este deporte, Bliss Cavendar se convierte en Ruthless, pero la adopción de esta nueva identidad no implica, en ese bautismo, el cambio inmediato de su naturaleza. Ella evidencia dotes para la competición y de las caídas pasa rápidamente a tomar velocidad. En la pista la vemos libre, humillando al resto de las patinadoras que quedan atrás como si fueran esos perros de carrera que corren tras una liebre mecánica. No obstante, Bliss carece de agresividad y el entrenador le hace saber que en algún momento deberá golpear a alguien. Pero si el derby se transforma en su hogar y lugar de crecimiento es precisamente porque ella lo puede habitar sin la urgencia de interrumpir su más primigenia forma de ser y actuar. Al igual que Bobby Boucher (el personaje de Adam Sandler en The waterboy) y Martín Palermo, Ruthless es un animal de su deporte. No tiene esa racionalidad que define al profesional, esa conciencia total del juego, sino que la impulsa un insondable instinto de una eficacia que, de ser aprovechada, puede volver invencible a su equipo. El reparto que interpreta al resto de las patinadoras es un elenco notable de mujeres bellas y fuertes que incluye a la misma Barrymore interpretando un pequeño papel que aumenta su catálogo de personajes entrañables. Pero la que se lleva todas las miradas es Juliette Lewis: de un estilo de juego sucio y look reventadamente desprolijo, intimidando con su mirada lasciva y postura amenazante, ciertamente parece una integrante de las Misfits. Las Misfits, ¿te acordás? Eran las malas de esa maravillosa serie animada llamada Jem and the Holograms.
Whip it narra su cuento de manera fluída, construyendo preciosas imágenes de colores refulgentes, pero también se permite momentos de libertad que son suites de pleno deguste cinematográfico. Pienso en el descontrol de la guerra de comida, que si es breve es porque lo anárquico nunca estuvo destinado a tener mayor duración y porque además muestra a los cuerpos moviéndose en tiempo real, nada de la pavada clipera extended play del ralenti cuando es utilizado grosso modo (Watchmen). Pienso también en esas dos escenas protagonizadas por el romance juvenil; buscando llaves a puro grito liberador en la soledad del campo y encontrándose, ellos dos, suspendidos dentro del agua. Como los protagonistas, la cámara disfruta de esos momentos y los hace durar. Y todo esto sin contar las escenas deportivas, que son núcleo y corazón de esta película. La filmación del derby se define por el vértigo y la extrañeza que imprime esta competición que nos resulta exótica, que nunca vimos por ESPN. La cámara acompaña a las patinadoras: sale a la pista, las escolta, choca, se come un porrazo, y continúa.
Cuando Bliss tiene que tomar decisiones el disfrute se interrumpe y por un momento esta película amaga con volverse cobarde. Digo cobarde porque cuando la protagonista abandona la casa de sus padres, instancia en la que también está peleada con su mejor amiga y cae en la cuenta de que el chico imposible se ha develado como tal, es en ese desierto donde Whip it no se juega por toda la precisa construcción que hace de papá y mamá Cavendar, a quienes caracteriza como opresores, hipócritas y de valores caducos. Todo lo contrario: prefiere el regreso a casa, la confesión. En una primera impresión, esta necesidad surge como la figura del niño arrepentido que vuelve al primer hogar permitiendo a sus padres la dudosa posibilidad de redimirse. Y si digo que la película “amaga” es porque ese retorno como forma de conciliación tiene que ver más bien con otra cosa. Aquel último acto es la aparición, acaso fantasmal, de los restos de Bliss que se hacen cuerpo por última vez para descansar en paz junto a su familia y así permitir, luego del exorcismo, que Ruthless pueda continuar camino sin mirar atrás.










Más que de las Misfits, de lo que me acuerdo es de “los” Misfits, ese grupo de rock de gente disfrazada. Pero es verdad que soy un hombre ya mayor. Me acuerdo también de dónde sale el nombre: De una obra de Arthur Miller (que tuvo a bien inventar la palabra misfits), que dio a su vez origen a una película de John Huston, olvidables ambas.
Vi que la película de la buena de Drew andaba circulando por ahí y me pregunté qué sería. Habrá que echarle una mirada.
Un abrazo Aldo.
A los Misfits más que recordarlos los tengo bien presentes. De hecho alguna vez hice fila para conseguir una entrada para verlos en los estudios de Muchmusic.
No conocía la referencia que mencionas de Miller y, ya que estamos, hay que recordar que la célebre calavera de esta banda escuda el antebrazo de cierto guitarrista de Boedo que vos y yo conocemos. Ese solo hecho les da a los Misfits una significación vital para mí.
Recomiendo fervientemente ver esta película. Bajada, copiada o comprada, no importa. Pero hay que ver Whip it.
Abrazo David.
Sí, sí, no reparé en ese detalle fundamental del tatuaje! Te cuento de paso que lo fui a ver el jueves pasado, solo y a dúo con el ascendente trovador de La Plata Moretti. Muy recomendable. Pero dejémonos de esto que se trata de un blog de cine, che. Solo voy a agregar para terminar que, para mi sorpresa (eso es porque soy prejuicioso), entre la concurrencia asomaba su cara el gran Lisandro Alonso.
Abrazo.
Me dieron ganas de verla a la peli, voy a ver donde la puedo conseguir.
Por cierto, son inolvidables las Misfits, Jem y su arito mágico y s novio Río (que me parece tenía pelo violeta; marcaron una época. Tocaban heavy metal, no ?
Finalmente vi la película y la crítica me parece excelente, Aldo. Admito que también me comí el amague de corrección familiar al que el relato parece encaminarse, incluso a su pesar, en algún momento. Nada demasiado grave, sin embargo, como bien explicás. Es curioso que Drew se haya jugado por bordear por momentos el tono de una película independiente: la irrupción de las patinadoras en el negocio que mencionás (ese esplendor a un tris de la epifanía), me dio la sensación de que podría estar inspirado en Gus Van Sant, por ejemplo.
Mi chica preferida es Maggie Mayhem, la colorada.
Abrazo.
Es verdad lo que decís acerca de ese cierto “tono independiente” de Whip it. Continuando un poco con las referencias, aquella escena (hermosa, no me canso de decirlo) también me hizo acordar a Beeswax, la película de Andrew Bujalski, que se desarrolla mayormente en un local muy similar a esa especie de feria americana donde Bliss adquiere las botas.
Aunque en un sentido un tanto distinto, también el derby sigue ese tono independiente. Este deporte mantiene la mejor tradición de las bandas de rock underground: se anuncia a través de flyers, a la salida está el puestito para llevarse algún souvenir del espectáculo, e inclusive recibe en sus funciones la visita de la policía.
Kristen Wiig, la colorada, también actúa en Adventureland, aunque ahí su personaje está muy lejos de la sensualidad que porta en Whip it.
Abrazo, David.
Qué bueno que te acuerdes de Beeswax, a mi entender una de las mejores películas vistas en el bafici del año pasado… Es más, puede ser que mi memoria ande muy mal, pero ahora que lo pienso no sé si no la vimos juntos.
Muy buena la referencia al espíritu independiente del derby.
No me di cuenta de que la colorada era la de Adventureland! Película con la que Whip it comparte un gran uso de las canciones, por otra parte. Y, además, el gusto por mostrar los discos de vinilo y las bandejas. Todo un detalle.
Saludos.
Exacto, el año pasado compartimos función para ver la de Bujalski. Por cierto todavía no pude ver Funny Ha Ha.
Saludos.
les hago una pregunta a todos y el que me contesta mejor como se llama en la realidada oliver??? besos amo la peli
Landon Pigg. Mirá Piggy te regala un diente de león.