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Mellon Collie and the Infinite Sadness

Alicia en el País de las Maravillas / Tim Burton / 2010 / EEUU

Alicia 2Suele decirse que cuando una película se basa en un libro hay que juzgarla como película y no compararla con su referente literario. Estoy de acuerdo, pero esta vez voy a hacer todo lo contrario, porque me parece que esa comparación ilumina los aspectos de la película de Burton que la convierten, sin vueltas, en una película mala, más allá de la parafernalia visual que Burton sabe construir a la perfección (la perfección es una cosa fría, por otra parte). El relato de Carroll empieza con un poema cuya belleza puede percibirse incluso en esta traducción mala; en él se cuenta una excursión por el río que el narrador comparte con tres nenitas: “En plena tarde dorada/ nos deslizamos con toda placidez;/ porque nuestros dos remos, con poca habilidad,/ son impulsados por pequeños brazos,/ mientras pequeñas manos en vano pretenden/ guiar nuestro ambular”. Estas tres nenas le piden al hombre que les cuente un cuento. Cada vez que él se detiene le suplican, ávidas de imaginar, que el relato siga, y ponen como condición que se trate de una historia sin sentido, de una historia del “nonsense”, que es la característica principal de la Alicia en el País de las Maravillas que escribió Lewis Carroll.

Toda la escena tiene lugar a la hora de la siesta, hora del juego y la niñez. Al final de este poema introductorio el narrador le dedica el libro a Alicia, que es una nena de siete años, y le pide que tome esa historia y con mano gentil la guarde en el lugar en que los sueños de la infancia se entrelazan con la memoria, como a una guirnalda recogida en un país muy lejano. Ese país lejano es justamente la infancia perdida, por eso este comienzo tiñe todo el cuento con la melancolía de lo que ya no es. Y lo que viene después es nada menos que uno de los relatos más extraños que dio la literatura, porque no está construido según la lógica racional de la vigilia sino de acuerdo con los procedimientos de los sueños, donde las cosas y los espacios se transforman y donde reinan el sinsentido y la incertidumbre. La aventura de Alicia consiste en aprender a moverse en ese mundo y a usar la inteligencia –porque ante todo es una nena muy despierta– para poder entrar en el juego. Ese aprendizaje le permite, sobre el final, valerse de la astucia y el ingenio para defenderse en un juicio en que se la acusa de haberse robado unos pasteles que pertenecían a la Reina de Corazones.

Ahora, ¿qué demonio de la normalidad hizo que Tim Burton se salteara olímpicamente las cualidades más importante de este relato, que son el sinsentido y el carácter onírico, para convertir a su película en una lucha entre el bien y el mal (gracias, Hernán Schell) que se parece más a la Troya filmada por Hollywood que al libro perturbador y originalísimo de Carroll? Menciono a Troya, aunque la referencia sea disparatada y mucho más berreta, como otro ejemplo de la prepotencia con que a veces se aplana un relato original. Alicia se parece más al Aquiles de Brad Pitt que a una nena que juega cuando cabalga en un perro y una música heroica la acompaña. Burton tuvo momentos de una fineza parecida a la de Carroll cuando hizo de El joven manos de tijera un cuento narrado por una abuelita que transmite a la nieta, con la ternura y el dejo de tristeza de su voz gastada, la historia de un amor perdido que la cambió para siempre y la inmortalizó tanto en el relato como en la memoria y en las esculturas efímeras de Edward Scissorhands.

Acá, Alicia es una chica que está a punto de comprometerse a la fuerza con un Lord espantoso y que en un momento de desesperación se escapa para introducirse en un Wonderland que, sabremos después, es el lugar que frecuentó de niña y al que había olvidado. El problema es que en ese país de las maravillas no hay otra cosa que decorados burtonianos y una lucha entre la Reina Blanca y la Reina de Corazones, que Alicia deberá dirimir enfrentando a un monstruo para matarlo con una espada especial. De aquel relato, extraño y sutil, sobre la potencia imaginativa de la infancia, Burton hizo ni más ni menos que una especie de épica, una aventura heroica, que sigue siendo una película de Burton solamente porque aparecen algunos pares de mellizos, pero donde se juega todo al maquillaje (y el colorinche en la cara del Sombrerero de Johnny Depp, que varios primeros planos insistentes nos obligan a apreciar, es la cifra de esta apuesta absoluta a nada más que eso, el maquillaje).

Pero lo peor de la película, que marca y subraya y enfatiza todo el tiempo ese carácter épico, es la música de Danny Elfman, un cliché hollywoodense que irrumpe a cada rato para señalarnos, por ejemplo cuando Alicia debe atravesar una muralla, que “acá hay una prueba dificilísima que la heroína debe atravesar para tener éxito en su aventura”. Esa aventura es la de ponerse del lado del bien en un enfrentamiento que no le pertenece y aprender la valentía para volver después al mundo real, rechazar al novio horrible y dedicarse a hacer negocios en la compañía en la que antes trabajaba su padre. Esta Alicia termina embarcada –literalmente– en la aventura de ampliar los horizontes de una empresa comercial hasta la China, en pleno imperialismo británico. ¿Qué quiso hacer Burton? ¿Una Alicia feminista que se convertirá en empresaria exitosa? La corrección política más burda suele dar esos frutos. El libro de Carroll, en cambio, termina con una Alicia que crece, sí, pero que conserva el corazón sencillo de la infancia y por eso puede a su vez inventar muchas historias fantásticas que hacen brillar los ojos de otros chicos reunidos a su alrededor. Burton mostró algunas veces esa capacidad de inventar historias delicadas y melancólicas que hacían brillar los ojos con asombro. Ahora que al parecer dejó de creer en la potencia de las historias, los ojos brillan al salir del cine con un tono distinto, el de la decepción, que no deja otra cosa que una melancolía poco disfrutable por sus otras películas (todo lo contrario de la Mellon Collie del disco de Smashing Pumpkins), y una tristeza infinita.

Posteado en Aventuras, Estrenos.

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8 comentarios

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  1. Mrn dice

    Huuu… ouch >_<

  2. Marcelo dice

    Buenísimo, Marina. A mí también me pareció horrible la película, con esa onda Narnia y con el Sombrerero vuelto una especie de héroe de la resistencia. Lo único, yo no me apresuraría a juzgar el final: esa Alicia que crece no lo hace sacrificando su niñez ni su “locura” (que sería la experiencia Peter Pan: “hay que crecer, hay que darse cuenta que el mundo adulto no es el de la infancia, o vivir en otra tierra”), acá Alicia crece porque pone a producir su locura. El final es malísimo (con la metáfora pedorra y remanida de la oruga) y a la vez es lo más agudo y escalofriante de la película ¿por qué negarse a crecer creyendo que el mundo es de esos tipos serios y amargos como su candidato frustrado? todo lo contrario: el capitalismo necesita tanta imaginación como podamos darle, el nonsense rinde: primero me pregunto en qué se parecen un cuervo y un escritorio, después me propongo conquistar económicamente China. La moraleja sería algo así como “no mates a tu niño interior porque bien explotado rinde más que un negro y un enano juntos”,

  3. Marina dice

    O se convertirá en un creativo de publicidad.

    Volví a ver la película, seguí escribiendo en http://www.museomarino.blogspot.com.

    Y me pareció tan disfrutable por momentos (visualmente) que pensé que a Burton no se le debe perdonar nada, pero nada de nada.

  4. El Ombligo Observador Reloaded dice

    Completamente de acuerdo…. Mas que nada con el bonus track que subiste en tu blog. Lo mas importante del Pais de las maravillas de Carroll es la locura. Es el azar, la locura y el capricho el que gobiernan el pais de las maravillas.
    Burton se olvido de eso para darnos un mundo de fantasia, si, pero reinado por las mismas leyes que la realidad. Peor aun… un mundo que le enseña a Alicia a crecer y a madurar… Carroll debe estar pudriendose de nuevo en su tumba.

  5. Diego dice

    Comparto unas cuantas cosas, sobre todo lo que decís de la “perfección”: a Burton esta película, con su marca personal y todo eso, parece que le salió de taquito, bien prolija pero sin absolutamente nada de corazón. Aparte, señalo un error que encontré hablando con algunas personas: Alicia nunca se convierte en “empresaria exitosa”, el marcar nuevos rumbos para la compañía de su papá es solamente una excusa para poder seguir descubriendo cosas nuevas en el mundo real. Está más que claro que al personaje ni se le cruza por la cabeza ganar plata o acrecentar el caudal comercial de su país. Lo que hace Burton, creo, es darle la posibilidad a Alicia de vivir sus aventuras fuera del universo de los sueños, en un contexto histórico concreto (la Inglaterra imperial del siglo XIX).

    Me gusta mucho el título que elegiste: Mellon Collie fue un disco que me cansé de escuchar en mis años mozos.

    saludos.

  6. santi dice

    No me parecio algo “horrible” como muchos comentan por acá, pero es cierto que es un paso en falso en la carrera de Burton, como lo había sido El planeta de los simios en su momento.

    El problema con Burton es que parece haberse convertido últimamente en una marca registrada, antes que en un director de cine. Todas sus películas recientes tienen que tener esos Burtonismos clásicos como lo son; Personajes raros porque si, diseño de arte expresionista, conflictos padre/hijo, Johnny Depp haciendo otro típico personaje bizarro, música dark y fantasmal de Danny Elfman, Helena Bonham Carter.

    Ahora, no esta mal que Burton tenga ciertas obsesiones que quiera abordar en cada una de sus películas, el problema es cuando quiere imponerse tanto con esos detalles (como gritando “miren, es una pelicula mia!”) que terminan casi ahogando el relato principal. Siempre es disfrutable una película de Burton a nivel superficial (y mas acá con el uso del 3D) pero estaría bueno volver a ver al Tim que también sentía cariño por sus freaks, como es el caso de Edward Scissorhands, Beetlejuice y Ed Wood.

  7. El incorformista dice

    Está bien, se puede decir que es mala, oyendo los argumentos. Ahora, lo que no entiendo es que sea mala porque es una lucha entre buenos y malos ajena a Carroll, cuando lo que es evidente de principio a fin es que no es una versión cinematográfica de Carroll, sino una historia nueva que toma prestados los personajes, y nada más. Y digo que no entiendo, porque para la misma autora de la crítica, la pedorrísima y aburridísima Avatar, que es maniqueísmo al cien por cien, es buenísima, y por las mismas razones, Alicia es malísima. Mmmm.

  8. Marina dice

    Pos claro, es que son dos películas distintas, aunque ambas arrancan con a.



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