Donde viven los monstruos / Spike Jonze / 2009 / Estados Unidos

Apenas aparece el primer fotograma de Donde viven los monstruos y ya algo empieza a hacer ruido en la mirada del espectador. Los logos de Warner Brothers y Legendary Pictures (las compañías productoras del film) aparecen con garabatos dibujados encima, como si un chico hubiera estado haciendo algún lío con el negativo original. Inmediatamente nos vemos sorprendidos por la violencia con la que irrumpe la primera escena, con una cámara en mano nerviosa y a baja altura que sigue al protagonista de la película, un chico de 9 años llamado Max, mientras baja las escaleras de su casa desaforadamente y rompe todo a su paso en la persecución de su perro. Esta introducción, tan incómoda para lo que en principio iba a ser una película “para chicos”, nos está indicando algo vital para la visión de la película entera, y es el punto de vista que va a tomar el director para contarnos dicho relato.
En el cine para chicos estamos acostumbrados a una cierta mirada por parte de un protagonista infantil. Usualmente solemos ver cómo la imaginación de un chico que aún no llegó a experimentar los problemas de la adultez sirve como escape hacia un mundo mágico en donde se puede sentir seguro y resguardado de los problemas de la vida real (podemos citar ejemplos desde La historia sin fin hasta la reciente Alicia en el país de las maravillas, pasando por Laberinto, Mi vecino Totoro y Coraline). Lo que hace Spike Jonze, adaptando un popular cuento infantil de Maurice Sendak publicado en 1963, es completamente opuesto en estética y desarrollo a cualquier película de esta clase que se haya visto antes. La del cuento de Sendak es una historia básica, la de un chico de 9 años llamado Max que, al ser castigado por su mama por desobediente, crea un mundo en su imaginación en donde se declara rey de un grupo de monstruos gigantes y peligrosos. Lo que hizo Jonze es llevar esta premisa básica para contar, no una película para chicos, sino una película sobre lo que se siente ser un chico.
Yo no sé si otros habrán tenido la infancia que yo tuve, pero los recuerdos que más me quedan desde que tenía 7 años hasta los 13 son los de un chiquilín insoportable que quería hacer lo que él quisiera, y al que la disciplina de sus padres nunca le alcanzaba para frenar esas actitudes. Mi mamá siempre me recuerda hasta el día de hoy lo pesado e insistente que era para que todos los viernes de la semana me fueran a comprar un autito de juguete en el kiosco de la esquina de mi casa de aquel entonces. Por eso, cuando vi esos ataques de furia de Max al comienzo de la película, no pude más que sentirme reflejado en algún punto. Creo que esta es la primera vez que una película muestra a la perfección esa mezcla de inseguridades, miedos, alegrías y desbordes que tienen los chicos a esa edad. Cada monstruo que habita la isla representa diferentes aspectos y actitudes tanto de Max como de las personas más cercanas que lo rodean. Su espejo más visible será el monstruo principal, Carol, un ser tan descontrolado y sensible que necesita sí o sí de un rey que lo gobierne, que le ponga límites. Al declararse rey de su propio universo imaginario Max pareciera haber encontrado lo que siempre quería, deshacerse de los límites impuestos por el mundo de los adultos y tener el control absoluto de todo lo que lo rodea. En este caso, de las criaturas y sus tierras, a las que utiliza a su antojo para jugar a tirarse barro o edificar un fuerte en donde “vamos a construir una máquina que le coma el cerebro a los que no queramos que entren”, según sus propias palabras. Pero a medida que pase el tiempo Max se dará cuenta de lo difícil que es vivir en un lugar sin reglas ni supervisión y esto lo llevará a adoptar una mirada objetiva sobre sus relaciones con sus seres queridos y con el mundo real en el que vive.
El director no sólo es capaz de capturar esa sensación particular de ser un chico sino que (sobre todo cuando la película transcurre en la isla) la traslada a todos los aspectos técnicos y estéticos del film. Donde viven los monstruos no tiene ese típico diseño de película infantil, pulido y lleno de colores brillosos. Aca todo es sucio, caótico, desordenado. La fotografía de Lance Acord se vale de luces naturales y cámara en mano frenética en muchos pasajes, tanto los escenarios naturales como el diseño de los monstruos (otro gran mérito de Jonze es el de no usar nunca efectos digitales) nos hacen creer que este mundo es palpable, tangible, cercano a nosotros (a diferencia de la artificiosidad de la Wonderland de Tim Burton). Cuando vemos a Max en el bosque jugando con los monstruos, chocando con los árboles y cuidándose de no quedar aplastado por alguna de estas criaturas, sentimos temor por su vida (lo que extrañamente me hizo recordar a Jackass, programa del que Jonze fue productor).
Quizás esta no sea una película fácil a primera vista. Jonze no busca que salgamos de ver el film con una sonrisa ni con tristeza. Lo que provoca Donde viven los monstruos es cierta melancolía por eso que fuimos cuando teníamos la edad de Max, hasta que llegó el momento en que tuvimos que hacer un clic y liberar ese animal interior que todos llevamos dentro.







“…(otro gran mérito de Jonze es el de no usar nunca efectos digitales) nos hacen creer que este mundo es palpable, tangible, cercano a nosotros (a diferencia de la artificiosidad de la Wonderland de Tim Burton).”
No creo que sea un “gran mérito” no usar nunca efectos digitales. En todo caso, aquel que los emplea debe saber usarlos. Miyazaki los utilizó de manera excelente en El viaje de Chihiro. Sin embargo, no logró lo mismo en El increíble castillo vagabundo (hablo de las figuras que en ciertas escenas se recortan de los fondos animados digitalmente).
Y si de criaturas tangibles o palpables hablamos, soy un convencido (total) de que otros “monstruos”, como el Hulk de Ang Lee o el Bandersnatch de Burton (por decir una de las tantas criaturas perfectamente animadas en Alicia), brindan la más absoluta sensación de corporalidad tangible más allá de su naturaleza digital.
Ojo, no estoy en contra de la digitalizacion en ciertas peliculas, solo digo que en este caso es muy importante que el director haya optado por usar muñecos reales dado que es muy importante la interaccion fisica entre el protagonista y los monstruos.
Una cosa que me olvide de señalar en la critica es la actuacion de Max Records como el chico protagonista. Lejos la mejor y mas natural actuacion de un chico de 9 años que vi en mucho tiempo.
Les dejo para que vean un corto de Spike Jonze de 30 minutos, se llama Im Here: http://www.imheremovie.com
Estoy de acuerdo en un 99% con tu reseña, pero igual que a Ezequiel me hace ruido la comparacion entre Alicia y Donde viven los monstruos a partir de lo tecnico. Elogias el no uso de lo digital como algo positivo frente “la artificiosidad de la Wonderland de Tim Burton”. Despues en tu comentario decis que no estas en contra de lo digital, solo que aqui te parecia importante.
¿Entonces porque sacar a colacion la Wonderland de Burton? ¿Consideras que ahi era importante tambien? Creo que los problemas de Alicia en el pais de las maravillas de Burton no pasan por lo digital, de hecho lo estetico es lo unico rescatable de esa pelicula para mi.
En el caso de Donde viven los monstruos, me parece que hay un buen uso de los muñecos para crear a los personajes, como en Alicia hay un buen uso de lo digital. Nada mas.
No me parece, en serio, que en el caso de alguna de las películas que nombrás se pueda hablar de “cine para chicos”, y mucho menos me parece que ese otro mundo sea un lugar donde los chicos protagonistas se sientan seguros y resguardados, sino todo lo contrario. En Laberinto la chica tiene que recuperar a su hermanito bebé del malo David Bowie (¡ñam!), en Alicia la Reina de Corazones le quiere cortar la cabeza y en la pava película de Burton debe enfrentarse con un dragón, en La historia sin fin Sebastian se enfrenta a la posible extinción de un mundo, en Coraline que es la más oscura de todas ni hace falta decir que el otro mundo es una pesadilla donde le van a sacar los ojos y coserle botones. En todo caso se podría argumentar que esos peligros funcionan como metáfora o como prueba que se revierte sobre el mundo real, pero nunca que son lugares de refugio y resguardo.
Bueno, me encantó la película de Jonze. Sí.
Lo que pasa con esas peliculas que nombras es que la idea del mundo imaginario, o la del mundo paralelo al real, es creada mas que nada en base a una serie de obstaculos para que el chico o chica haga el traspaso hacia la adultez, como pasa si en Laberinto o en Alicia (podriamos agregar a Las Cronicas de Narnia en este grupo). Pero tambien estan Mi vecino Totoro, El Laberinto del Fauno y El puente magico de Terabithia como pruebas de que la imaginacion de un chico sirve como escape de los problemas de la realidad. Quizas no puse los mejores ejemplos en la critica, pero creo que esos casos se dan en el cine infantil a veces.
Nuevamente (y parece que es mi actividad favorita ya) estoy en desacuerdo con Marina. En laberinto en parte tenés razon, porque la chica tiene que recuperar al bebé de las manos de Bowie. Pero el primer movimiento de la pelicula es como dice Santiago, una fantasía para huir de la vida real. Bowie se lleva al bebé porque ella desea sacárselo de encima. La pelicula le enseña a la protagonista sus verdaderos sentimientos con respecto al hermano, pero la fantasía se origina para eso.
En el caso de Alicia decir que hay un peligro porque la reina de corazones quiere cortarle la cabeza me parece un exceso. Sería tomar demasiado en serio a ese personaje, error que cometió Burton en la pelicula, creando ahí si el peligro que vos ves, pero en el libro eso no está. Alicia crea el país de las maravillas para escaparle al aburrimiento de los libros sin dibujos de su hermana. Las amenazas son vacias.
En Coraline los “peligros” q vos ves en realidad son la realidad que la chica quiere. Ella crea ese otro mundo para salir del aburrimiento de su vida. Lo pondria en paralelo al corto “Vincent” de Burton, que los pibes sean freaks no significa que sus fantasías no sean ideales para ellos.
Pero donde mas le pifiás en La Historia Sin Fin. Para empezar porque Sebastian no es el que vive la aventura, sino Artreyu. Sebastian participa a último momento, y solamente para salvar “la fantasía”, él nunca corre peligro. El final es practicamente el paradigma del tipo de peliculas que nombra Santiago. Sebastian subido arriba de Falkor corriendo a los pibes que lo molestan en escuela… Si eso no es crear una fantasia para huir de la realidad decime entonces qué es.
“La historia sin fin” no la vi en el cine, pero leí el maravilloso libro de Michael Ende. Ahí es bien patente que Bastián es un gordito a quien nadie le da bola y se la pasa leyendo para huir de ese mundo hostil de la escuela y de su familia. En ese otro mundo no importa su aspecto, es aceptado y hasta se transforma en un héroe.