Los labios / Santiago Loza, Iván Fund / 2010 / Argentina
La cámara de Fund y Loza está casi siempre descentrada: si hay dos personas hablando, la conversación se escucha desde un fuera de campo mientras el ojo se enfoca en las manos de otro personaje, en la nuca de alguien, muestra eso que pasa al costado. Esa cámara montada sobre la nuca, el cuello, parte de una mejilla, en este caso sirve como metonimia para esta película sobre una historia que se abre en muchas y las sigue de cerca, tan fragmentadas como los cuerpos: tres enfermeras van al campo para visitar a las familias de la zona y hacer un relevamiento del estado de salud de la población. Ellas son mujeres: se peinan, se cuidan entre ellas, se maquillan, y hay una que de vez en cuando se pone un vestido rojo y sale a la noche. Lo sabemos porque otra se despierta y sigue los ruidos, con la cámara detrás del hombro. ¿Hay un hombre en el medio? ¿La chica está enamorada de la otra? Ah, preguntas que se nos presentan durante la película, mientras estas mujeres hacen otra clase de preguntas: ¿cuántos kilos pesás? ¿cuánto medís? ¿cuándo fue la última vez que comiste? ¿siempre comés guiso? Los labios tiene mucha luz de atardecer, pastos crecidos y barro, pero también tiene tres cosas rojas: el mate que ellas comparten al principio en el micro, la tacita de loza donde una brinda con vino, y ante todo el vestido rojo que una de ellas -hermosa, fuerte, obscena en ese rojo que rompe las tonalidades calmas- se pone para bailar una cumbia en un bar. A partir de ella, de ese vestido rojo y de ese baile, se mezclarán los mundos que en apariencia estaban separados para terminar jugando juntos, en uno de los finales más hermosos que vi en estos meses.
Sábado 10 a las 15.00 / Domingo 18 a las 16.45
Le roi de l´évasion / Alain Guiraudie / 2009 / Francia
“Si queremos coger, cogemos”, dice el protagonista de Le roi de l´évasion, y guarda porque en esta comedia sorprendente se coge. Y mucho. Armand es un gordito cuarentón de unos ojos celestes que son pura inocencia y un sex appeal irrefrenable. En los últimos años se dedicó a tener sexo con hombres, pero cuando conoce por casualidad a una adolescente -preciosa, por otra parte- se tienta para probar con una chica. La decisión de Armand tiene que ver más con la resignación que otra cosa (“Si todo el mundo tiene una familia capaz que no está tan mal, y nosotros también podemos”, le dice un conocido gay en uno de los tantos diálogos absolutamente serios y delirantes de esta película). El problema es que ella tiene sólo 16, y por eso la película se convierte en una persecución por el bosque en la que todos van tras Armand porque todos quieren algo: la chica, amor y convivencia, un viejo de 70 años, sexo sin orgasmos porque para qué acabar si no me hace feliz, dice él (¿o vos alguna vez fuiste feliz acabando?), la policía y el padre de la chica, para hacer justicia. Pero en esta comedia de humor tomado totalmente en serio y frescura pasoliniana todo tiende a la fiesta: resulta que en el bosque hay una especie de papa “que parece una vainilla pero tiene sabor a kiwi” o algo así, dicen, y que pone a todos muy cachondos. Por eso hay amor entre los yuyos y cuerpos desnudos, cuerpos viejos y gordos, reales, en esta película que también parece una cosa -drama, historia de amor, reflexión sobre el sexo- pero tiene sabor a otra -delirio absoluto- y en el fondo es un afrodisíaco para los ojos y la mente desprejuiciada.
Domingo 11 a las 22.15 / Martes 13 a las 21.45 / Sábado 17 a las 15.30







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