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Despacio: escuela

Oxhide II / Liu Jia Yin / 2009 / China

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Hay que mandarle un mail a Liu Jia Yin para decirle que arruinó su película, pero en el mismo mail hay que aclararle que Oxhide II se acerca a lo genial. Explico: una película de casi dos horas donde los personajes son seis manos, una serie de planos fijos dados por las posiciones de la cámara alrededor de la mesa en la que una familia –esas manos: padre, madre, hija- cocina dumplings, en un departamento feo, con poca luz. El encuadre los toma del cuello a la cintura, porque importan las manos mucho más que las caras. ¿Qué pasa acá? No pasa nada. O pasa más o menos lo mismo que en la mayoría de las películas, porque a medida que miramos (y es impresionante cómo la vista necesita tiempo, tiempo, para empezar a revestir las cosas con su propia carga) los objetos, las manos, la masa, la harina, cobran vida. Hay un dramatismo de los objetos, de lo material, que surge a fuerza de mirar y mirar y mirar, y eso es lo que se vuelve muy evidente acá. Pero también hay una coreografía más abstracta (pura fluidez de movimientos que da la destreza) de las manos, los dedos, los cuchillos sobre la tabla, que por momentos da ganas de bailar al son de los golpes de una cuchilla enorme que corta cebolla de verdeo sobre una tabla de madera. La cebolla de verdeo es importante, porque además da lugar a los mejores chistes de esta película que por un rato largo se convierte en comedia cuando la hija, ante la orden de cortar trocitos de cuatro milímetros, va a buscar una regla para medir cebolla. Oxhide II funciona porque la mirada es tan potente que cuando parece que no hay nada para ver, descubre un mundo mínimo y ampliado. Lo mejor de la película está en esa libertad del espectador para reírse, aburrirse un rato, dejar de mirar, pensar, recorrer y desarmar el plano. Lo peor está en el defecto de no ser coherente con su propia propuesta, cosa que es importantísima y especialmente cuando uno está loco, porque Liu Jia Yin sigue el procedimiento a rajatabla hasta que levanta la cámara y encuadra en las caras de la familia. Cuando nos vamos de la mesa, sabemos que nada más importa. ¿Qué es eso? ¿Seres humanos? ¿En un mundo de masas y cebolla de verdeo y carne picada? Qué aberración. Pero eso no termina de estropear esta lección importantísima sobre la mirada y sobre el cine: el encuadre acotado, que tiene la capacidad de persuadirnos de que lo que está en la pantalla es lo más importante del mundo, aunque sea por un rato, hace que todo el suspenso de la película se condense en un pregunta fundamental: ¿les saldrá rico?

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Los actos cotidianos / Raúl Perrone / 2009 / Argentina

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¡Dame más lentitud! A contrapelo de la cultura comercial, Perrone mete la cámara en la casa de una familia de clase baja de Ituzaingó, y mientras viven los registra, con un armado mínimo de las escenas. La vida cotidiana es lenta y acá el ritmo del montaje quiere dar cuenta de esa lentitud. Toda la película está al servicio de mostrar, como un gran gesto político que quisiera decir “Vean, escuchen, quieran” a través de la representación de una familia, pero también de una clase, radicalmente opuesta a las asquerosidades de los medios y de los reality. El tiempo que dura la película es el tiempo de una familiaridad adquirida lentamente entre lo que se muestra y el espectador, de un interés que se convierte en compromiso. Pero ojo que acá no se trata solamente de asistir como testigos impasibles, porque Perrone mezcla los planos fijos de la familia viviendo con escenas como ésta: la chica está mirando algo, la vemos mirando, después el corte pasa a un plano de lo que ella mira en el que las hojas de un árbol, verdes, nítidas, de movimientos suaves, ocupan toda la pantalla, y en esa circularidad de las miradas estamos viendo, aunque sea en la ficción, con la mirada de ella. Estamos compartiendo algo. Porque el retrato de la clase no es solamente sociológico sino que está construido con la mira puesta en el afecto, algo que tal vez sólo el cine puede hacer, y Perrone parece saberlo.

Posteado en Festivales, Independiente.

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2 comentarios

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  1. ioni dice

    Maria, lo que decis de Oxhide II es para mi la sintesis exacta que se adapta “cual anillo al dedo” a las peliculas de Lisandro Alonso(sacandole la cebolla, claro y los planos cerrados). Te acordas que te dije hace tiempo que me habian dado ganas de escribir algo al respecto? Bueno… colgue, pero con tanta suerte que me ahorraste el trabajo.

    Igual me dan muchas ganas de verla. La voy a alquilar de rapidshare.

    ah, una pregunta: terminado el Bafici volves a tu vida previa?

  2. Paola Simeoni dice

    Lindo, lindo post! la gimnasia te hace bien, Marina



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