Fantastic Mr. Fox / Wes Anderson / 2009 / Estados unidos

Y si encuentro un espejo en donde estén mis ojos Sólo tendré una pregunta por hacer… ¿Quién soy?
Existencialismo, Pez
Los cuentos de Anderson contienen imágenes difíciles de olvidar. No sólo por estar habitados por seres dotados de un cinismo entrañable, construido sobre diálogos de una sequedad despiadada, sino también por la manera en la que aparecen los colores, la forma en la que refulgen como recortados de un matiz del que sólo el director parece conocer la fórmula. En primer lugar hay que mencionar su preferencia por el rojo, relación que tuvo en The Royal Tenenbaums su máxima expresión. Pero, aunque ya se podía ver en los mamelucos de Bottle rocket, es especialmente a partir de The life aquatic que se manifiesta una recurrencia cromática de una presencia ciertamente estelar en sus películas. Puede encontrarse en la bata de Jason Schwartzman en The Darjeeling limited, el submarino del team Zissou o en los títulos de presentación; todos están bañados por el amarillo Anderson. Fantastic Mr. Fox se presenta con títulos en ese color, sí, pero inmediatamente aparecen otros de los recursos favoritos del director. A ver: una selección musical que arma un playlist que es signo de un universo propio (y la funcionalidad que asumen las canciones; no como mero ornamento y enrostramiento melómano, sino resignificando e iluminando cada escena en la que intervienen) y también los movimientos de una cámara que gusta pasearse en travellings horizontales, en esta ocasión acompañando a dos zorros que avanzan como si estuviesen sorteando los obstáculos de un videogame en stop motion.
De entrada, vemos a Mr. Fox en una colina con un palito en la boca, ejercitando su cuerpo lánguido y posando con la impavidez de un dandy mientras el plano lo enmarca con unos tenues colores cálidos que encuentran su cúspide en el tono de un naranja otoñal. En el horizonte de este zorro se asoma un porvenir que lo llevará de ser ladrón de gallinas a convertirse en columnista de un diario. Fox se maneja con elegancia y convicción pero en su interior se conserva un estado de pregunta permanente explicitado cuando aclara que su interrogación es “en un sentido existencialista”. El impulso animal al que prometió renunciar luego de enterarse de que sería padre es en verdad un instinto irrefrenable que lo llama a regresar a las andanzas nocturnas. La personalidad de Fox está marcada por cierta dualidad; en él pueden existir tanto seductores halagos entonados en francés, como arrebatos salvajes que no lo hacen dudar a la hora de mostrar los dientes. En uno de sus enfrentamientos contra los malos, Mr. Fox recibe esa maldición tan propia del cine de Wes Anderson, aquella del estigma como una marca visible. Así las cosas, al Richie de brazos cortados de The Royal Tenenbaums y al Owen Wilson cubierto de vendas de The Darjeeling limited, se suma ahora este buen zorro al que le tocan la cola.
El hijo de Fox, con su obsesión por ser tan fantastic como su padre, y la zarigüeya de ojos locos, que recién al final de la película esgrime un gesto propio, reciben y extienden a toda la película la interrogación del zorro mayor, buscando e intentando entender quiénes son y cuál es su verdadera esencia. Pero a lo largo de Fantastic Mr. Fox queda claro que las acciones que definen a sus personajes tienen que ver con características innatas y con conductas que les son inmanentes, tales como cavar o robar. En el transcurso de la película, el buceo ontológico de estos héroes se devela conciencia y defensa de su condición de animales salvajes; cuando Mr. Fox dirige a sus camaradas y avanzan en patota enmascarados con pasamontañas parecen activistas agrupados en la más entrañable de las pandillas salvajes. El único de los personajes que la tiene clara desde el principio es justamente alguien que viene de afuera: el primo Kristofferson, una suerte de sensei juvenil que, lejos de tener algún devaneo filosófico acerca de su sentido individual, despierta en el resto admiración, encantamiento y envidia.
Si hay un momento hermoso e inolvidable en esta película es aquel en el que Mr. Fox se topa en su viaje de regreso con otro de los suyos, con uno más que nació para ser salvaje. Lo fastuoso de esta escena parte al medio la pantalla (dejando en el margen superior un imponente blanco nieve) y también al protagonista, que impactado como nosotros le saca brillo a sus ojos para cristalizar una lágrima. En ese instante resulta imposible no recordar el rostro de Bill Murray saliendo del agua luego de la muerte de su compañero al comienzo de The life aquatic. Estos dos planos de gestos implacables, a los que podríamos sumar la mirada celestial con la que se presenta el primo Kristofferson, evidencian que Anderson sabe a la perfección que los ojos no engañan. La mirada tiene el poder de contar lo que las palabras y el resto del cuerpo reprimen o simplemente no pueden. Es la expresión definitiva, el sentido donde late la verdad. La presencia de esta certeza no es para nada casual si además tenemos en cuenta que el cine de Anderson es un universo en el que abundan los planos que nos ubican en el lugar de los personajes. Me refiero a fugaces subjetivas que nos indican carteles, tarjetas, libros o pollos. También es importante destacar que cuando el director nos coloca en el punto de vista de sus criaturas lo hace tanto con los héroes como con los villanos. Parecería entonces que Wes Anderson entiende como imperante la necesidad de que veamos el mundo a través de sus personajes para que en esos raptos todos seamos protagonistas y por un momento podamos habitar, mediante efímeros destellos que se develan como pestañeos, esas historias que nos cuenta con los ojos.










Buenisima critica Aldo. Es increible, viendo la pelicula, como pese al cambio de medio como lo es del cine de accion en vivo a la animacion, el film mantiene todas las obsesiones “Andersonianas” como los travellings laterales y los planos abiertos a nivel tecnico y la cuestion de la familia y la verdadera naturaleza de uno mismo a nivel tematico.
Es mas, pareciera que el Stop Motion es un medio ideal para el director, ya que sus criaturas (desde Bottle Rocket en adelante) tienen ese movimiento mecanico propio de un muñeco.
Gracias Santiago. Es verdad que de todas las técnicas de animación el stopmotion le calza perfecto a Anderson. Y en ese sentido Wes saca provecho y a la vez justifica el medio, porque en Mr. Fox arma planos de no hubiesen sido posibles de otra forma..
Después es cierto que se mantienen recursos y temáticas, pero, y quizás sea por esa certeza que van teniendo en el transcurso de la película, esta vez los personajes llevan las cosas con un poco menos de pesadez con respecto a lo que venía ocurriendo en las últimas deAnderson. Si hasta terminan bailando y todo.
Darjeeling=pesadez.
Una teoría más maliciosa sería que después de empezar a repetirse en esa película (emocionar porque se pone a unos tipos corriendo atrás de un tren, en cámara lenta y con una música retro: basta), Anderson se dio cuenta de que tenía que agarrar para otro lado, y lo bien que hizo. A mí me encantó Mr. Fox, mucho, mucho, cuando la vi dormida y cuando la vi despierta y cuando la vi, ejem, y la vez que la vi entera me gustó también, y ahora sueño con verla en le cine, mucho amarillo en la pantalla inmensa.
Muy, pero muy lindo texto, Aldo, muy.
Gracias, Marina. Es muy injusto que películas que le sacan el jugo a los colores (pienso también en Whip it) uno tenga que conseguirlas por ahí y verlas en pantalla chica, mientras todas las semanas hay estrenos que resultan ser ciertamente infumables.
Marina, no hay música retro en las películas de Anderson, sencillamente porque transcurren casi en un mundo paralelo. Digo yo.
Además, llamar puntualmente retro a los Kinks es una herejía!
Beso.
Ah, gran texto, Aldo. Me hiciste emocionar con la cita.
Hablando de los Kinks, es raro que Anderson no haya puesto ningun tema de ellos en el film, y haya optado por canciones de los Beach Boys. Tampoco hizo la musica incidental Mark Mothersbaugh, que para mi siempre era una pieza vital del cine de Anderson. Igual Alexandre Desplat se lució en esta pelicula.
No sé quién es los Kinks. No sé nada de música, ¿vos decís que esos son los de la escena que yo digo? Bueno, el mundo de la película será retro, en todo caso, como los trajes de los chicos. Los Tenenbaums también son retro, los de Vida acuática también, por supuesto. Yo tengo mi teoría sobre lo retro y la emoción (fácil, a veces).
Hay un documental sobre The Kinks en el bafici. Bah, sobre un periodista que los quiere reunir, se llama Do it again. En el blog de Quintín no lo recomiendan, pero para fans…
Ayer la vi por segunda vez y me gusto aun mas todavia. La magia de esta pelicula está en los detalles: La mirada perdida de la zarigueya, el gesto con la oreja que hace Ash cuando se enoja, “¡esa cancion es terrible Petey!”, el gesto distintivo de Mr. Fox, “Yo puedo librar mis propias batallas”, los nombres en latin, etc.
Creo que si le doy un par de visiones mas va a reemplazar a Rushmore como la mejor pelicula de Anderson despues de Tenembaums.
Marina, quizá se trate de un problema personal: admito odiar la palabra “retro”, un barbarismo que suele estar en boca de los malos periodistas de rock, que viven de la impostura de que el rock se revitaliza a fuerza de aplicarle un mote que suene novedoso.
La escena que mencionás de Anderson (horrible, coincido) está musicalizada con una canción de los Kinks: This Time Tomorrow. Para ver un uso glorioso de esa misma canción recomiendo una escena de Les Amants Regulers, de Phillipe Garrel, una auténtica cumbre del cine de los últimos 40 años.
“Creo que si le doy un par de visiones mas va a reemplazar a Rushmore como la mejor pelicula de Anderson despues de Tenembaums”.
No exageres, Santi. Para mí, después de Rushmore vienen cabeza a cabeza Tenembaums con The Life Aquatic.
Saludos.
David, a mí el “retro” me viene por la lectura de Fredric Jameson, un teórico marxista que usa la palabra para hablar de una experiencia del tiempo que anula la historia (y cuando dice anula no lo dice despectivamente, ojo, sino como síntoma) o que toma del pasado, no una experiencia dinámica sino una serie de estereotipos ya cristalizados. Bueno, es aburridísimo lo que acabo de decir, pero vital, para mí, porque ahí se amontonan un montón de cosas que van desde las bandas que me gustan a mí hasta la ropa que nos ponemos y la música de las películas y el moño de Zooey Deschanel en 500 días con ella.