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Starman

En la luna (Moon) / Duncan Jones / 2009 / Inglaterra

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La ciencia ficción en el cine está desapareciendo. Actualmente cuando nos referimos a este género hablamos de luchas intergalácticas con alienígenas, efectos especiales de última generación y la necesidad de que todo se convierta en un gran espectáculo visual para deleite de las grandes audiencias. Y si se puede hacer en 3D, mejor. Desde La guerra de las galaxias hasta Avatar, se suele pensar que porque una película transcurre en otro planeta inmediatamente tiene que estar etiquetada como película de ciencia ficción.

Pero por suerte hay otra ciencia ficción cinematográfica, esa que apareció por primera vez en 1968 cuando se estrenó 2001 Odisea del espacio. Es que la cuestión es sencilla, la ciencia ficción no tiene que tomarse como un género por el solo hecho de transcurrir en un planeta diferente al nuestro, o por mostrar seres de otras galaxias. Las mejores aproximaciones al género son aquellas que sirven como base para generar diálogos, cuestionamientos, para transmitir ideas que tienen que ver con nosotros mismos, los seres humanos, y por eso es que lo inexplicable, lo desconocido, puede utilizarse como fuente de ideas y de ensayos sobre la naturaleza del hombre. Podría citar una cantidad innumerable de ejemplos en el campo de la literatura, desde Ray Bradbury hasta Phillip K. Dick, como estandartes de esta idea, pero prefiero no explayarme porque en este caso me refiero pura y exclusivamente al papel que el género ha cumplido dentro del cine en este último tiempo. Encontrar películas de ciencia ficción que exploren estos aspectos cada vez se ha hecho más difícil y se podrían contar los ejemplos con los dedos de la mano, siendo Solaris y Alerta Solar los más destacados además de la ya citada obra maestra de Stanley Kubrick.

Lo que me lleva al caso de En la luna, la opera prima de Duncan Jones, nada más y nada menos que el hijo de David Bowie. Sí, ese mismo David Bowie que con su disco Space Oddity nos hablaba de un astronauta perdido en el espacio. En la luna narra la historia también de un astronauta, Sam Bell, que al igual que el Mayor Tom de Bowie se encuentra vagando en el espacio, en una estación con base en la luna, para ser más preciso. El está por terminar un contrato de 3 años con la empresa Lunar Industries dedicada a la producción de energía renovable para la tierra, energía que es producida gracias al Helium 3 que nuestro protagonista extrae del suelo de la luna. Sam parece ansioso por volver a su hogar luego de pasar 3 años con la única compañía del robot Gerty (que tiene la voz de Kevin Spacey). Pero faltando cada vez menos para que pueda regresar con su mujer y su pequeña, hija un accidente extraño ocurre y nuestro protagonista empieza a tener visiones extrañas. Ahora hay un doble suyo vagando por la estación espacial diciendo ser el auténtico Sam Bell ¿Será cierto? ¿Hasta que punto está Sam delirando gracias a su soledad en el espacio? ¿Y si se trata de un clon? ¿Pero cuál de los dos lo es realmente?

No daré las respuestas acá, pero basta con decir que el director logra llevar al espectador hacia el torturado mundo interno del astronauta, con sus delirios y sus penas, consiguiendo un importante nivel de tensión en el film. Lo increíble de En la luna es como Jones, valiéndose de un presupuesto que no llega ni a la cuarta parte del de un film modesto de Hollywood, construye un relato inteligente y complejo acerca de la soledad y de las consecuencias trágicas que la tecnología puede traer en las personas. La aproximación que realiza el director no hace a un lado las emociones ni deja de aportar un fuerte grado de identificación con el protagonista, con lo que evita caer en la frialdad y el desapego casi clínico que otras películas de esta clase (como la propia 2001) suelen tener en sus tonos generales.

Pero si hay que hablar del mérito mayor de En la luna simplemente hay que resumirlo en dos palabras: Sam Rockwell. Un joven actor todavía no muy conocido mundialmente pero que siempre se roba la escena en cada película en que aparece, ya sea en Los tramposos, Los angeles de Charlie o en El asesinato de Jesse James. Rockwell es de esos actores camaleónicos, esos tipos que desaparecen totalmente dentro del rol y que otorgan un nivel impredecible de carisma y peligro a sus personajes (vean sino esa obra maestra dirigida por George Clooney que es Confesiones de una mente peligrosa). Con la difícil tarea, acá, de interpretar un rol por partida doble, Rockwell nos pone de su lado constantemente cada vez que lo vemos luchar para escapar tanto del espacio físico que lo atormenta como de los demonios internos que no paran de acosarlo. Gracias a su increíble labor, nosotros como espectadores tenemos un nexo dramático que logra conectarnos emocionalmente con ese hombre de las estrellas que aguarda en el cielo, no puede esperar para conocernos y piensa que nos va a deslumbrar, como el mismo Starman de papá Bowie.

Posteado en Ciencia Ficción, DVD, Independiente.

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2 comentarios

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  1. david dice

    Acordate Santi de que Bowie (o sea Jones padre) retoma el personaje del Mayor Tom en la canción Ashes to Ashes.
    Me gustó Moon, está bastante bien. Por momentos parece convertirse en una película de fantasmas pero materialista. Toda una rareza.
    Ahora, perdoname pero 2001 me parece una de las películas más solemnes y sobrevaluadas de la historia del cine.
    Saludos.

  2. santi dice

    Yo Odisea nunca la pude ver entera de corrido, es cierto que es densa, solemne y aburrida. Pero igual me encantó, igual eso en parte se debe a que cuando la vi estaba en primer año del Cievyc y las peliculas me interesaban mas por el lado tecnico que lo narrativo, y desde lo tecnico no tengo dudas que es magnifica.



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