Ocio / Juan Villegas y Alejandro Lingenti / 2010 / Argentina

Al chico se le muere la madre. Sabemos que con el padre y el hermano no se lleva porque lo dejan solo, de a uno, frente al nicho, cuando van al cementerio. Después él está en su pieza y pone un disco de vinilo y tiene adornos viejos, sabemos que es otra época. Después la cámara, fija el 90% de la película, hace un paneo por la habitación y sabemos que el chico lee libros, que es de clase media tirando a baja y que es de San Lorenzo. Lo de San Lorenzo lo vamos a saber unas cuantas veces más, porque abundan los planos de banderines y hasta una piedra graffiteada que dice “San Lorenzo”. Más tarde sabemos que el chico se acuerda de que tenía madre porque mira unas fotos de ella. También sabemos que en un momento saca un cuadernito y escribe algo. Sabemos que un amigo se muere de sobredosis porque el chico va al hospital – el plano lo muestra de perfil al fondo de un pasillo- y cuando los doctores le dan la noticia, él agacha ostentosamente la cabeza. Torpe, hasta en ese gesto, la película, los actores y la cámara. Ochenta y siete millones de planos fijos y el uso más insólito de la profundidad de campo: los chicos van en moto, vienen desde el fondo del plano y se acercan tanto que las cabecitas desaparecen por abajo, borrosas. ¿Para qué? Mmm. Qué película rara. Para significar que el chico es escritor nos muestra libros, para significar que estamos en los ochentas hay una exhibición –ostentosa también- de un teléfono gris de los de Entel, para significar que se trata de una película hay encuadres perfectos, para significar vaya a saber qué cosa se lo muestra al chico visitando un departamento feo en alquiler (leí la novela de Casas, pero me hago la que no porque intuyo que sin esa lectura previa –y cierto gusto por Casas- la película es inexplicable). Lo malo es que el conjunto nunca llega a significar nada y tampoco hay mucho para ver que no sea redundante, si uno vive en el mundo y tuvo una azucarera de plástico.
Domingo 11 a las 20.45 / Domingo 18 a las 23.45
Todo, en fin, el silencio lo ocupaba / Nicolás Pereda / 2010 / México

Oscuridad. Esta película surge de la oscuridad, casi trabajosamente. Lo que se filma son los ensayos de una obra de teatro unipersonal en la que una mujer recita versos de Sor Juana. Al principio la vemos acostada y vestida de blanco, muy quieta, mientras los técnicos –por momentos no son más que voces que giran alrededor– prueban la iluminación. Bastan pocos minutos para que esta película fantasmal, en la que la mitad del tiempo predomina el negro más absoluto en la pantalla, se vuelva fascinante. Porque se trata del juego, tenso, terrorífico, de la oscuridad y de la luz. La sensación, cuando filman a la actriz y la proyectan a un costado, al ver a la persona y su copia, las dos en blanco y negro, flotando en esa oscuridad, es de estar asistiendo al origen del cine y a la manifestación de su carácter aberrante. Todo, en fin, le silencio lo ocupaba puede verse como la reducción de una película a sus elementos mínimos, resta que la hace vibrar de intensidad y que devuelve todo su poder fantasmagórico a los cuerpos, luces sobre una pantalla que a su vez sólo existen porque son iluminados en el rodaje. El momento culminante, un plano que puede sostenerse solo como representación del cine, es cuando toda la pantalla queda en negro y únicamente vemos, durante varios minutos, la llama de una vela, mínima, en el medio del plano, mientras la voz de la mujer recita. Película hipnótica como pocas y película de terror, también (terror sin narración, producido únicamente por contrastes), cuando la visten con una enorme túnica blanca acampanada y por única vez ella atraviesa el plano desde el fondo acercándose a la cámara. Juro que yo, acostumbrada ya a la oscuridad, a medida que ese blanco invasivo se acercaba y crecía desmesuradamente, pensé que iba a morirme.
Lunes 12 a las 18.45










“Ochenta y siete millones de planos fijos” Es como ver una película de Tsai o de Hong: a los 20 minutos del film, y si las acciones representadas ya no sorprenden en lo más mínimo (porque la recurrencia de aquello interno al plano también existe), entonces no habrá nada más que ver.
Por cierto, muy lindo texto sobre el film de Pereda, Marina.
Saludos!
EV
No tengo nada pero nada en contra de los planos fijos en sí, lo que pasa es que en ese caso tiene que haber algo para ver, y acá eso no pasaba. Gracias Ezequiel, que tengas buenos días de estudio.
Gracias, Marina. Igual, me parece que mañana, Lunes, retomo mi actividad “baficera”.
http://www.revolucion-tinta-limon.blogspot.com/
otra mirada sobre ocio
Gracias Alberto, ya la conocía. Acá tenés también otro texto muy distinto y entusiasmado también sobre la película:
http://cinemarama.wordpress.com/2010/04/10/bafici-jueves-9-de-abril-segundo-dia/
En el caso de Armada, me suena a un tipo de crítica muy entusiasmada -crítica sin entusiasmo es muerte, claro- pero que no alcanza a decir mucho más sobre Ocio de lo que podría decirse sobre tantas de las 400 películas que se vieron en este Bafici. Digo, lo de no poder armar un relato, lo de filmar en tiempo real, etc., es una característica de la época. La falta de intensidad de la película es absolutamente desproporcionada en relación al libro, que me parece mucho mejor. Si quieren ver alguien que filme un barrio vean Los actos cotidianos de Perrone, barrio sin camperitas de cuero, sin vinilos, barrio posta.
marina, perrone un año imita a tsai ming liang, el otro a van sant, el otro a kiarostami, ahora a pedro costa
no es serio…
y una cosa más: me parece un poco raro, por no decir autoritario, que alguien se arrogue el derecho de decidir qué es barrio y qué no
un saludo cordial
Bueno, eso puede ser, lo último que quiero es sonar autoritaria, en otro caso es otro tipo de barrio, sí. Entiendo que a muchos que les gustó Ocio se sintieron identificados con lo que veían y eso suma un montón, pero a mí como película me pareció floja, más allá de que muchos rescataron la ambientación.
Lo peor de una lectura es enamorarse de lo que uno cree que encuentra. Algunos lo sabemos. Y la tragedia de una lectura es el abuso de pseudo saberes teóricos que, tan alejados del objeto de análisis, termina siendo una práctica oscurantista. Eso hay otros tantos que también lo saben. Para no abundar, todos sabemos algo.
Sin embargo, la cosa se pone un poco ríspida cuando la crítica (o la opinión, dado que no existe verdad científica que haga de la crítica un ejercicio más autorizado que un punto de vista) parte de una falasea o un par de falaseas. Primero, respecto a la escena frente a la nichera, lo elemental: hay distintos ejercicios del duelo, eso no desarma una comunidad, ni de 3, ni de cientos. Segundo, sobran elementos en Ocio que denotan que la divisa que se comercia entre esos hombres no es el desamor, sino una cosa similar a una desorientación radical. De alguna manera, esa es la construcción negativa de un individuo; no saber donde carajo estás a veces es la primera sensación de independencia. Y esa fundación está en Ocio. Claro que para rescatar algunas de estas cosas hay que ver la película sin irritarse por la aparición repetida de un banderín, cosa bastante verosímil, por cierto. Y sí, los fanáticos de San Lorenzo tienen muchos banderines de San Lorenzo. También los de Huracán y los de Aldosivi.
Después de la proyección hubo dos preguntas inquietantes. La primera, hacía mención a la saturación de la guitarra de Ariel Minimal, ¿era un error del “XX” (ahí se mencionó un detalle técnico que desconozco completamente)? La respuesta de uno de los directores fue clara: no había ningún problema, era sólo la distorsión de una guitarra eléctrica. La segunda, se centraba en otro “error”, el de las patentes fuera de época o los colectivos superbajos o las zapatillas del protagonista, ¿no estábamos en los 80?. Bueno, la verdad es que uno de los grandes aciertos de Lingenti – Villegas es la atemporalidad con la que imprimieron las escenas (que haya nacido por una decisión meramente estética o presupuestaria no hace a los efectos). Pero contemplar algunas cosas es como que te guste o no el rock.
Después, claro, está la discusión de qué es un barrio o cómo se representa un barrio. Vamos a ponerlo así: tratar de convencer a una señora de Recoleta de que un chico en patas no es un criminal en potencia nos llevaría casi el mismo eterno tiempo, porque, en el fondo, son desavenencias del mismo orden.
Evidentemente, no todos somos del mismo club, ni del mismo barrio. No hay que desesperar, el mundo viene amaneciendo desde hace siglos con verdades mucho peores.
Saludos.
qué es falasea?
un caza bobos, rober.
Armada, el problema no es que aparezcan muchos banderines de San Lorenzo, sino que el paneo de la cámara esté justificado más para mostrarlos junto a una fila de libros que para seguir el movimiento del personaje. Me refiero a la escena en la que se levanta de la cama. Y ya que lo unís al verosímil, creo que Ocio tiene muchas cosas que trabajan bien con esos aires ochentosos que me recuerdan a mi barrio del conurbano y al andar de mi primo y sus amigos (que eran diez años más grandes que yo y tenían, en ese momento, la edad de los chicos de Ocio), pero, a la vez, hay diálogos como el del pibe que cuenta la historia del Billiken o el extranjero que se le acerca al protagonista en una plaza, que vienen a romper con el trabajo fino de los silencios y parecen insertados de otro lado. No me importa si las patentes no son aquellas negras de letras blancas y muchos números (es más, ni siquiera me di cuenta de eso), el problema está en que la fuga del registro que se hace un par de veces está forzada. Como esos heavys caricaturizados, que estarían bien si fuera otra película.
Saludos.
los heavies caricaturizados para mí funcionan, logran que el humor irrumpa en una historia que de otro modo estría monopolizada por la gravedad, y en ese punto esta adaptación refleja algo sustancial de la literatura de casas, impensable sin, justamente, el humor; también forman parte de la representación de un universo cuyas referencias evidentemente los directores (o sea, la película) comparten con casas (la ley de la calle, the warriors, los 80, etc)
no entiendo bien qué es lo que “justifica” un plano (abandonemos un minuto el travelling de kapó, por favor)… por qué una película no puede mostrar el ámbito donde un personaje pasa buena parte de su tiempo y debe seguirlo a él a rajatabla? proponemos leyes realmente insólitas, además de arbitrarias…
saludos
Quiere decir que la película se recuesta sobre las referencias, pone demasiadas fichas ahí. Para mí pasa eso, por eso esos paneos por paredes para mostrar libros, banderines, objetos de casa de clase media como esos adornos en los estantes, cosas que todos reconocemos. Un recorrido por un espacio lleno de signos, guiños, no me parece suficiente, sino más bien redundante con respecto al mundo retratado. Ojo, si vos me decís que representar eso en el cine es un valor de por sí, bueno, ahí podemos discutir algo.
Lo de Kapó, Alberto, es…bueno. Insólito de tu parte, tratándose de un texto que se pregunta cómo retratar la muerte en un campo de concentración. Es obvio que si acá se habla de justificación tiene que ver con la función que cumple un plano dentro de la película, y no con respecto a una ética de las imágenes, sobre todo imágenes de la muerte, la pobreza, la violencia.
¿Alguien vio las otras argentinas, El pasante, Lo que más quiero, etc. etc. etc.? ¡Tenía ganas de charlar de eso pero parece que me voy a quedar con!
Martín, creo que precisamente uno de los planteos de Ocio es dotar casi de un mismo peso a actores y objetos. Es una forma válida de expresar la disolución. Respecto a los diálogos que mencionás, el del relato Billiken se conecta con la aparición de esos motoqueros bizarros: es el universo de los que leyeron El Tony y Dartagnan. De hecho, los acordes saturados de Minimal congelan a los personajes un segundo, los planta en una viñeta. Ahí hay algo de cómo la película trabaja con el humor, en particular el amigo que arregla antenas y los motoqueros son momentos de respiración necesaria. Seguro que es discutible el tratamiento, pero, nuevamente, creo que hace referencia a un universo particular. Quizás el problema de ese monólogo Billiken que mencionás sea la actuación que, ahí, se queda atrás, el texto la arrastra. La aparición del ucraniano es rara, apenas el detalle de preguntarle por la moto te permite reponer que ya se conocen, aunque es cierto que no es lo mejor de la película.
Saludos
Jamás se me habría ocurrido relacionarlo con el ya vetusto “travelling de kapó”. No hay nada en mi comentario que te pueda hacer pensar en eso. No todos a los que les interesa la crítica de cine se comen como la gran verdad los texto de los franceses y lo tratan de insertar en cuanta charla se les aparezca. Te entiendo, porque el concepto de “abyección” se usa tanto que ya es fastidioso y harta, pero nada de eso era lo que quería decir en mi comentario. Lejos de un discurso moral sobre ese movimiento de cámara, lo mio pasaba por el lado narrativo, por esa cosa horrible que es el “guiño”, por hacer algo que parece obligado y hace ruido.
Pero Martín (Armada), si es por disolución, se me viene a la mente Punctum de Gambarotta -que es radical en eso, ahí se disuelven los sujetos, los objetos y hasta el lenguaje- y ahí me salta a la vista hasta qué punto en la película no se logra mostrar eso, si es lo que se intenta, no sé. Para disolución es muy prolija. Te nombro poesía porque te guglié, vi que sos poeta.
y cómo te atrapó!
yo vi lo que más quiero y me pareció que es una película donde mandan las actuaciones, que son excelentes (son actores de teatro independiente muy solventes), pero que la película es apenas un boceto
lo del travelling de kapó era una hipérbole, no se enojen
en síntesis, para no hacerla tan larga -al menos yo, uds. sigan
-, creo que ocio discute con la novela de casas, hasta la contradice, no sólo la complementa, y eso a mí me parece un valor; es una película que plantea la imposibilidad de un duelo y trabaja de principio a fin con ese objetivo, más allá de que en alguna oportunidad pueda quedar un poco colgada del “parque temático boedo-casas”, eso es cierto; me pareció emotiva y rigurosa, dos atributos que no sobran en el cine agentino actual (chequeen la que ganó el bafici…)
saludos
a todos
Martín Stefanelli: el mentado paneo por el cuarto del pibe está para mostrar, sí. Sigue al movimiento del personaje y también muestra su ambiente, inscribe al personaje en él. Qué tiene de “erróneo” eso? En esa objeción me resuenan las palabras de Marina en su crítica de la película: porque me muestran esto me entero de tal cosa, porque me muestran lo otro, de tal otra. Y? Se trata de un procedimiento cinematogràfico por excelencia. Y uno con no poca sofisticación e historia. Porque la cuñada de Wayne en Más corazón que odio acaricia su chaqueta (la de él) me entero de que lo ama.
Por otra parte, la aparición del ucraniano y el (para mí maravilloso, en verdad un momento cumbre de este bafici) cuento de la historieta por parte de Roli claro que son apariciones a contramano. Por eso son puntos de fuga. Es su carácter inactual y disrruptor lo que los hace fundamentales en la ideología de la película, que no es condescendiente con el barrio, ni se ajusta a una sociología al paso. He escuchado reparos en el habla de Roli en ese momento sublime. Que usa otras palabras, por ejemplo, distintas a las que le oímos antes, o supuestamente distintas a las que debería usar. Claro que usa otras palabras. Porque está contando una historia maravillosa! La narración de Roli, casi extático, sustraído a su tiempo, no puede si no quiere sonar falsa ejercerse de otro modo que no sea el de consustanciarse con lo contado. Hay algo ahí que me resulta conmovedor y es ver cómo ese tipo se transforma por el mero contacto de lo otro, de lo extraño, de lo que no es, justamente, la vida diaria.
Saludos.
La diferencia entre el ejemplo de Ocio y el de Más corazón que odio es la sutileza, porque (contestando a lo decís sobre el movimiento) la cámara no sigue al personaje, el personaje persigue a la cámara. Por eso primero empieza el paneo y después el protagonista reaparece en el cuadro como si tuviera miedo de tapar los libros y el banderín.
Pero no nos quedemos en eso que hay otros planos para discutir como ese en el que vienen con la moto, pasa un colectivo y cuando vuelven a aparecer sólo se les ve un poquito de las cabezas que cruzan la pantalla de izquierda a derecha.
Y aclaro, que Ocio haya sido de lo más flojo que vi en el Bafici, no quiere decir que la película me parezca desechable. También tiene sus cosas.
el vínculo con Punctum, sinceramente, no sé. Ahí la tragedia es otra y, un diferencia que me parece grande, es que en el libro de Gambarotta hay búsqueda de sistema, hay mente, una que puede disolverlo todo, más allá de lo que pase afuera. la síntesis, digamos, es algo que se resuelve del lado de adentro. Me parece que en Ocio es lo inverso.
creo que David puso en claro lo que muchos bancamos de la película, una peli que tiene cosas, de verdad, muy muy conmovedoras (aunque más no sea para los que crecieron en un barrio del que querían y no irse) y nada tiene que ver con un festejo costumbrista. Ligenti – Villegas (al igual que Casas) hacen llover piedras sobre el eden barrial. Esas disrupciones que menciona David son parte de una identidad complicada (con un pie adentro y otro afuera) de la que Ocio se hace cargo.
A ver, yo soy de Wilde, crecí ahí, después me fui a vivir a Bahía Blanca, que no es precisamente la capital, hasta hace un año que me vine para acá. Me sorprende muchísimo que en tu nota sobre Ocio, después de decir que es una película de barrio, digas que en un barrio del sur un pibe también puede sentir que la vida es algo delicado. ¿Posta que es algo que se pone en duda acá en la capital, como para que se celebre una película porque afirma eso? Te lo pregunto con toda la humildad, y la sorpresa, porque lo que ponés ahí da a entender que eso, en algún lado, se pone en duda, y si eso es un objeto de una disputa en la que la película viene a servir como bandera, entiendo todo un poco más.
Creo que es justo en ese sentido que Ocio es una película de barrio, porque dialoga con un conflicto que se da en un barrio, en gran parte con la negación de esa mirada neoromántica que no enfrenta la santísima trinidad empedrado, barcito y buzón. No sé si es una bandera, pero sí la aproximación a una identidad más mestiza, si querés. Y, en cuanto a los círculos intelectuales y, muchas veces, productivos, sin duda hay tensiones respecto no al origen necesariamente (eso lo liquidó hace rato la profesionalización), pero respecto al vínculo con ese origen, sin duda la cosa tiene sus complicaciones. que el barrio se haya transformado, en algunos casos, en un nicho estético, no implica que la conversación ideológica con el origen no siga siendo una discusión (por ahí no muy central de momento y, seguramente, algo barroca para quien no es de la ciudad). Igualmente no es lo único que puede defenderse de la película, también hay elecciones estéticas, actuaciones y banda de sonido.
Marto, tenés razón en cuanto al movimiento de cámara, que no sigue al personaje como di a entender yo sin querer. En realidad, primero aparece el personaje en plano, después está el paneo, y finalmente el chico se reintegra al plano. Pero la diferencia me parece en verdad irrelevante para mi observación. Se pinta el ambiente en el que se desenvuelven los personajes con las armas más nobles del cine.
El plano de la moto me encanta! Qué, hay un error de planificación ahí? Me cago en eso, la verdad. En algún momento le había comentado a Aldo justamente lo misterioso y espontáneo que me parecía ese momento de la película. Guarda que si seguimos haciendo de detectives de “errores” nos van a quedar unos cuantos afuera. Pero por suerte el cine no es una técnica.
Saludos.
Sobre la discusion del exceso de los planos para dar una referencia sobre los gustos y costumbres del personaje… Me parece que es la transposicion al cine de un recurso de el que Casas hace uso y abuso. Me molesta en Casas, y me puede molestar en la pelicula, pero creo que estan ahi para mantener el clima “Casas” en la peli.
Si lees el libro esta lleno de referencias culturales de los personajes, lo que escuchan, lo que leen, lo que ven. En la pelicula la forma de reflejar eso era o contaminando los dialogos con esa informacion referencial, o el recurso que se usó… mostrar la habitacion del pibe con sus libros, el disco que escucha y su escribir en al cama.
De haberlo hecho en un plano menos obvio, hubiera sido algo que quizas quedaba en el tintero, solo para los que vieran la pelicula con lupa… lo burdo del plano me parece que fue una forma de subrayar eso.
¿Es necesario? ¿Es burdo? ¿Es molesto? No se, pero al ser una adaptacion de la novela “Ocio” me parece que era necesario. Casas hasta en sus notas periodisticas hace abuso de las referencias a sus gustos personales, y su circuito cultural… en las narraciones y ensayos tambien. Ignorar eso hubiera sido sacarle una pata a la novela de Casas.
Si hay algo que puedo criticarle a los planos, y a algunas escenas como la de Billiken que aca criticaron, es la duracion. Esta bueno un plano de la habitacion para en unos segundos de pelicula podamos reponer todo el universo del personaje… pero me parece que se zarparon en la duracion de esas escenas. Tambien en la anecdota de Billiken… el personaje contandole una historia nostalgica, con identificacion cultural esta buena… pero la anecdota se hace larga y al final ya queres q se calle. Es como que en un momento te genera un “bueno, ya entendi, pasemos a otra cosa”.
Sin embargo repito que la pelicula me parecio buena, es un buen reflejo de un grupo generacional… Y me parece que la observacion “en un barrio del sur un pibe también puede sentir que la vida es algo delicado” es pertinente. Al menos desde mi subjetividad estaba medio podrido de las peliculas donde la “juventud sensible” eran chicos de barrio norte disipulos de Jaime Sin Tierra (aunque esa banda me encantaba
). Me parece que esta pelicula tiene una sensibilidad mas realista, una angustia mas real, mas concreta y mucho mas humana que en otros casos.
Tambien tiene que ver con un… factor que creo que es importante en Casas. Creo que la literatura de Casas propone eso “el pibe del barrio tambien puede ser poeta”, creo que mucho de su estetica gira en torno a eso. Como si fuera un Cucurto bien escrito… Entonces me parece pertinente resaltar ese “mensaje” en la pelicula. Si vos Marina ignoras lo centralizado de la cultura y de la representacion de “la gente comun” en Buenos Aires, la verdad que no se que decirte. La cultura en Argentina es porteñocentrica (salvo por algun brote en Cordoba) y la representacion de la “Argentina” siempre pasa por Buenos Aires y por un sector social que evidentemente no es el que refleja esta pelicula.
¿Que la peli tiene errores? Si nos ponemos a hilar fino seguramente los tiene… pero repito, me parecio una buena pelicula, y aunque no me parezca una pelicula excelent eque me haya sacado el sueño, no me parece justa la tormenta de criticas que le ha llovido.
OCIO es (para mí) una película hermosa y conmovedora.