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Rompan todo

Trash humpers / Harmony Korine/ 2009 / EEUU, Inglaterra

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El cine de Harmony Korine, y especialmente Trash humpers, es un embudo por el que todas las demás imágenes del cine se van a la mismísima mierda. Filmada en VHS, fea por donde se la mire, la película sigue a tres personajes que como dice el título, salvajemente literal, cogen con la basura (si alguien, por ejemplo mi padre, lee esto y se pregunta si esta chica no podía decir lo mismo con otras palabras menos sucias, le adelanto que no: es imposible hablar de Trash humpers con un lenguaje que no sea tan zarpado como las imágenes que se nos dan a ver). Estos parias horribles rompen cosas, cantan mal y se ríen hasta de ellos mismos, machacan la cabeza de una muñeca y comen panqueques con detergente, pero guarda, porque aunque todo sea un largo juego también matan a uno. Un paso antes de cualquier película, un poco más acá del arte –porque los cortes pedorros de la edición en video se ponen a la vista– lo de Korine es un dadá desesperado y además sin cultura, salvo la del lavarropas roto en el fondo de una casa de los suburbios en Estados Unidos, que, parece decir Korine, es la única que hay ahora. Como grito furioso contra una civilización que ama convertir al dinero en su propia basura, con esta película parece que si a Korine el mundo, horrible como es, lo tentara con la posibilidad de ser artista, él contestaría, como quien pela una ética, “No quiero”.

Martes 13 a las 19.15 / Jueves 15 a las 00.00 / Sábado 17 a las 23.45

Jay Rosenblatt / The darkness of day; I just wanted to be somebody;
Afraid so; Phantom limb; Prayer; Friend good, Nine lives / EEUU

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La potencia de hablar de ciertas cosas –digámoslo así: los temas– se agota todo el tiempo, los lugares comunes crecen como agujeros voraces y se tragan la posibilidad de decir algo que todavía tenga sentido. Los siete cortos de Jay Rosenblatt que se presentan en el Foco Found Footage son una muestra conmovedora de cómo alguien se las arregla para decir –y tiene mucho para decir, por otra parte– de manera indirecta, con materiales encontrados, recortando y pegando los fragmentos de cine que otros hicieron y que todavía, montados de diversas maneras, pueden seguir hablando. Rosenblatt habla del suicidio, cuenta la muerte de su hermano cuando los dos eran muy chicos, representa la pérdida con un hombre al que le falta un brazo –y todavía lo siente– y el duelo con una oveja que alguien esquila mientras suena una música maravillosa. Y también se ríe, en ese corto deliciosamente ingenioso en el que superpone las imágenes de los distintos Frankensteins del cine a una voz en off que lee fragmentos de la novela de Mary Shelley (mezcla de inocencia y gravedad) o ese otro que cuenta un sueño de su gato. Lo que surge con claridad en la pantalla es el poder increíble de los fragmentos del cine para decirnos, al mismo tiempo que se torsiona la figura del director, acá también espectador que recorta y pega esas visiones que lo interpelan. El efecto que produce ver estos cortos uno atrás del otro es tan variado como las imágenes en las que estamos inmersos y como la vida, que no son dos cosas diferentes, aunque existan dos palabras distintas para decirlas.

Martes 13 a las 13.15 / Sábado 17 a las 20.30

Posteado en Directores, Festivales, Independiente.

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