
Recién llegada de unas vacaciones en España donde ¡increíblemente! se la pasó yendo al cine, porque se ve que no le alcanzó con el Bafici, nuestra redactora itinerante Paola Simeoni nos trae esta imagen de naturaleza casi delirante en su enunciado de neón celeste, que se presta para miles de chistes (“Platón estaría orgulloso”, “Un cinéfilo le dice al otro: ¿adónde estamos? ¿ya nos fuimos al cielo?”, etc. etc.), y dice:
Quizás por falta de entrenamiento, quizás por pereza o por alguna limitación psico-física que desconocemos, la mayor parte del público español afirma que le resulta imposible leer los subtítulos y entender las imágenes al mismo tiempo. Como resultado de esta tara inexplicable, casi la totalidad de los cines de Madrid (y de la España toda) exhiben las películas foráneas dobladas al más recalcitrante acento ibérico.
Es así que si quieren evitar la proliferación de “coños”, “joder” y otras yerbas en la boca de actores extranjeros, los madrileños no tienen otra posibilidad que acceder a un refugio seguro cerca de la estación Tirso de Molina: el cine Ideal, con sus vitreaux y sus neones, se yergue orgulloso como bastión de los cinéfilos con oídos puristas.
Como antídoto a la amenaza que en estos días también oscurece a los cines argentinos, mírenlo orgulloso en esta foto, ejemplo de resistencia a la que adherimos en las páginas virtuales de ¡Esto es un bingo!










Además les comento que en el generoso hall del Cine Ideal están disponibles para quien quiera tomarlas y llevarlas, hojas con una detallada ficha técnica, sinopsis y principales críticas de las películas que se están exhibiendo y que vamos a ver. Todo muy serio y profesional, nada del chivo encubierto del diario La Nación que reparten en los Hoyts.