El plan B / Alan Poul / 2010 / EE.UU.
Para que las chicas no compremos esperma congelado en tubitos de ensayo, la paranoia hollywoodense, siempre un paso adelante –no sea cosa que la aberración madresolterista independiente y económicamente autosuficiente con arranques de omnipotencia y ninguna conciencia de la incompletud de un sexo que requiere tener un hombre al lado para esos menesteres invada el planeta y los varones sólo se necesiten para completar los equipos de fútbol- trae esta lección de puntero en mano en la forma de comedia romántica semifea semipropagandística con gancho de ver a Jennifer López adelgazada después de un embarazo múltiple con culo vuelto a su lugar, y un tema de actualidad y tan candente como la compraventa de semillas para producir hijos.
El dibujito animado que abre la película, ilustrativo de ese reloj biológico que les pone a las chicas a determinada edad anteojos de cigüeña y pañales y bebitos gateando, es inmundo pero por suerte termina y da lugar a un comienzo tímidamente prometedor: la chica, Zoe, treintona y dueña de su propio pet-shop después de entregar años de su vida a las corporaciones, pero eso no era para ella, con sensibilidad romántica que requiere un empleo artesanal o que implique cuidar algo, ya sea florería (Jennifer Anniston en la peor del mundo comedia romántica Love happens), librería para chicos (Meg Ryan en la muchísimo mejor You´ve got mail), repostera (Meryl en It´s complicated, de nuevo Meryl y Amy Adams en la también efronística Julie&Julia), o cuidadora de su perrito paralítico como es el caso, se hace inseminar por un doctor viejito y no se aguanta las ganas de tirar un chiste atrás del otro sobre el tema –“Deberíamos darnos un abrazo, ¿no? Capaz que acabamos de hacer un bebito”, etc. etc.- en un comienzo con un poco de gracia y aparentemente bastante de provocación a ciertos modelos tradicionalistas de familia y de paternidad.
Jennifer está linda, tiene una gran espalda que termina de la mejor forma posible y en este caso se la ve casi simpática, no como el bloque de hielo autocompasivo que era la sirvientita estirada cenicientofílica de la muy solemne Maid in Manhattan. Lástima, lástima, terrible lástima, que el hijoputa machista director de este bodrio y la hijoputa machista que escribió el guión no le concedan ni cinco minutos de felicidad autosatisfactoria a esta bonita, porque no bien sale de la clínica reproductora se sube a un taxi en medio de la lluvia y al mismo taxi se sube el chico que, se sabe, se va a casar con ella y por ese medio matrimónico la va a salvar del desgraciado destino de madresoltería. Un horror, porque a partir de ahí se nos muestra a la chica como una irresponsable adolescente impulsiva descocada que en un arranque de vaya a saber qué incremento hormonal había decidido cultivar un hijo y que ahora, ante la aparición de un musculético fabricante de quesos artesanales –a uno de los cuales en honor a ella nombra “Zoe”, que es lo que todas las chicas queremos- piensa que ojalá que le de negativo el evatest porque tiene una cita.
El corolario de todo lo expuesto, que la maternidad a solas no es otra cosa que una alternativa desesperada al sueño de mamá y papá y los dos nenitos, hace que la caprichosita Zoe inculpe a su quesero cuando de puro paranoica flashea que está a punto de dejarla y lo increpe con un “¡Ah, pero me vas a dejar criando a este bebé yo solita!”, que era supuestamente lo que ella había planeado desde un mismo principio, así que francamente no entendemos a Zoe y nos parece bastannnnte pavota. En medio de todo esto, dos corolarios más: primero, que una mujer que pretende arreglárselas sola con un hijo, como para confirmar esa verdad de la naturaleza de que los padres, si no fuera por nuestra cultura, no tienen un pito que ver en el asunto –bueno, pongámosle que un pomo- es decididamente un monstruo, una amenaza para los cimientos de esta civilización que todavía quiere verse patriarcal a todo trance, y segundo, que una mujer que pretende arreglárselas sola con un hijo, como todas las madres solteras-de-verdad del grupo de autoayuda en el que participa Zoe, es decididamente un monstruo, ya sea en forma de gordita ridícula o de chongo tatuado de apariencia lésbica o de negra culona, como para que nadie dude de esta verdad un poco triste pero necesaria de que si quedaron solas es porque son feas, qué tanto ni qué tanto.


Marina, cuando describís a las mujeres que componen el grupo de autoayuda me parece que te estás olvidando de varias: hay más de una muy atractiva, aparte de negras, asiáticas y más cosas que no me acuerdo. En esa composición bastante amplia (que sí, incluye a la gordita payasa y a la chica machona, pero no solamente a ellas) hay un comentario sobre lo abarcativo de la situación de esas mujeres: más que burlarse de ellas, la película parece decir que son muchas, un fenómeno que excede al número limitado del grupo de autoayuda.
En cuanto al tema de casarse y criar hijos, la escena con el cómico negro (muy conocido, no me sale el nombre) está desarticulando de manera bastante violenta cualquier posible idealización de la familia. Lo mismo pasa con varias de las cosas que cuenta la amiga de Zoe. Creo que el momento más fuerte, en este sentido, es cuando ella intenta reemplazar a Stan con el almohadón: incluso cuando no lo encuentra en la basura, se las arregla usando a la amiga para domir abrazada. O sea: Stan es más que reemplazable por cualquier persona o cosa.
Lo último: que a Zoe le pinte vivir en pareja y tener un padre para sus hijos (después de que se le cruza Stan, porque antes, al principio de la película, parecía bastante satisfecha con su decisión de ser mamá soltera) es algo que, dentro de la película, tiene que ver con el personaje de ella y no con las mujeres en general. Allí están para demostrarlo su abuela, que lo tiene enganchado al viejito desde hace décadas pero nunca le da el ok definitivo (son pareja a medias, ni siquera se dan un beso), y la godita y la machona, que son una pareja no tradicional y parece que les va bastante bien.
Señalo todo esto porque, a diferencia de lo que me esperaba de la película (que me gustó) El plan B termina siendo bastante respetuosa con el tema de ser madre soltera, formar una familia, casarse, etc. No hay bajadas de línea grosera (aunque sí hay humor incorrecto, que para mí es lo mejor lejos de la película), lo que le pasa a Zoe es algo personal de ella y no extensivo a “la” mujer, y el personaje de Stan por momentos es el que recibe más palazos por parte de Poul.
saludos.
A mí también me gustó un poco, me divertí (la cita en el jardín ese donde se embarran y se manguerean es un buen momento, ese es el tipo de humor que me gusta en las comedias románticas, más que lo de la caca en la mano, pero leí tu crítica y entiendo que te haya parecido novedoso el humor tan zarpado, en eso tenés razón). Lo que sí te voy a discutir es lo de la representación respetuosa con el tema de ser madre soltera, porque eso es precisamente lo que no hay en El plan B (salvo en las otras, que están mostradas más desde lo grotesco, si no mirá el parto en la piletita y el preparto bello de Zoe y su varón dándose la manito).
Ojo, con la desidealización, porque sigue siendo conservadora: ahora el tema en las comedias es que el amor y la familia no son perfectos pero son lo más importante del mundo, igual. Esta película termina con un anillo.
La hermandad del anillo, le voy a decir a esto. El día que haya una comedia romántica con matrimonio gay va a terminar igual, porque lo importante es que el molde siga siendo el mismo, aunque se cambien las figuritas. Nadie espera que una comedia hollywoodense rompa el molde, claro, pero no se puede dejar de decirlo.
Comparto lo que decís de las comedias hollywoodenses y el hecho de cómo se piensa al matrimonio (Ligeramente embarazada me parece caso bien notorio de eso), pero Plan B en general nunca termina de ubicarse en esa línea: Zoe se casa porque está enamorada de Stan, pero al principio de la película parece muy feliz con la idea de ser madre soltera. O sea, no se ve a una mujer desesperada, triste e incompleta (apenas si está un poco incómoda cuando la inseminan, cosa bastante entendible, calculo). La pareja de la chica medio machota y la gordita tampoco es un fracaso: se las ve felices aunque no estén casadas, y el hecho de que sean medio raras y exageradas no alcanza, creo, para decir que la película las condena o no las toma en serio (en una comedia siempre hace falta ridiculizar a muchos -sino a todos- los personajes). También está la abuela de Zoe, que si bien decide casarse de golpe y porrazo (una voltereta del guión que se nota forzada y a destiempo) estuvo durante mucho tiempo con su pareja sin ceder al matrimonio y sin embargo parece una persona sana, plena, de buen humor, feliz.
Lo que decís del parto está bien, es una diferencia notable, pero también pensá que el otro parto es así porque las chicas deciden hacerlo de manera “natural” o como sea que se le llame a eso. No creo que esa diferencia haya que leerla en términos de que ese parto es ridículo y un poco feo porque la pareja está formada por dos chicas que no están casadas.
Che, quién iba a decir que El plan B soporta tantos caracteres de discusión…