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Entre polvos, la nada

Habitación en Roma / Julio Medem / 2010 / Españauna habitación en Roma

La nueva de Medem se estrenó en España, y nuestra corresponsal Paola, recién llegada al país esquivando cenizas de volcanes, la vio en un cine de Madrid (próximamente, la foto de la sala).

Fuera de una habitación en Roma dos chicas se conocen y se gustan y, dentro de esa habitación, las mismas chicas curten y se enamoran. De eso se trata, ni más ni menos, la nueva película del español Julio Medem.

Medem confía en el poder de su cámara y en el de su director de fotografía para captar imágenes bellas, presunción justificada en este caso, porque los cuerpos de Elena Anaya y Natasha Yorovenco se muestran durante más de dos horas tan desnudos como radiantes. Por más que se los mire con malicia femenina, no se les puede encontrar ninguna imperfección. Si nos entregamos a la propuesta del director, en la pantalla se los observa en movimientos que, aunque se atribuyen claramente a actos sexuales, pronto dejan de ser una mezcolanza de brazos, piernas, dedos y otros órganos vitales para convertirse en figuras abstractas bailando un ballet hipnótico que, lejos de la pornografía, no significan nada más que imágenes ópticas puras, diría el viejo Deleuze.

Pero el problema es que con eso se conformó Medem y descuidó el resto de la película. Porque el argumento aspira a demostrar que estas mujeres tienen un pasado que recordar, un amor a descubrir y un futuro que augurar. Para que la obra sea completa, estas circunstancias deberían ser tan importantes como los varios polvos nocturnos de las protagonistas, pero no, aparecen sólo torpemente bosquejadas. Parecería que Medem se los quiso sacar rápido de encima para mostrar lo que le interesaba: las dos chicas revolcándose en distintas posiciones y sectores de la habitación. Los diálogos son simplones y las historias incompletas y cursis. Hay también alusiones y paralelismos con relatos clásicos que aburren por lo obvios al que los conoce, y dejan irremediablemente afuera al que los ignora, todas pretensiones de una profundidad que pisa todo el tiempo en falso. Medem logró mostrar muy bien a las protagonistas desnudas corpóreamente, pero no logró desnudarlas en su alma y en su historia que solamente quedan en la anécdota.

Sorprendentemente no nos turba como espectadores contemplar a Anaya y a Yorovenco como Dios las trajo al mundo y en actividades íntimas, pero en cambio se nos expone a la más pura vergüenza ajena en algunas escenas de supuesto lirismo y humor. Dos, por ejemplo: la recurrente aparición de cupido estampado en un tapiz que apunta a las enamoradas en los momentos en que supuestamente descubren sus sentimientos. Tras cartón, la irrupción de lo vulgar y el lugar común con la participación de un conserje italiano que pretende primero formar parte un trío (parecería que cuando hay una pareja lesbiana, siempre siempre hay un varón que se siente invitado) y más tarde ofrece pepino hervido para suplir la virilidad que faltaría con su ausencia. La participación de este tercer personaje podría identificarse con el vouyerismo del espectador y despierta veladas sospechas sobre la intención de utilizar la concupiscencia del respetable como gancho publicitario. Todos estos elementos, burdos, eran innecesarios e inclinan la balanza para abajo en el resultado final.

Julio Medem parece haber querido repetir Lucía y el sexo, pero se olvidó de Lucía y se concentró solamente en el sexo, y con eso no alcanza. La cosa le quedó con gusto a poco, le salió una película de Wong Kar-Wai de segunda selección, una especie de Los Soñadores de Bertolucci, pero sin la cinefilia ni el Mayo francés. Ya desde Caótica Ana anda despistado, no sabe para dónde apuntar, pero bueno, este parecería que tampoco es el camino, o al menos el camino completo. Tendría que caminar un poquito más, porque no todos los caminos conducen a contar bien lo que pasa en una habitación en Roma.

Posteado en Directores, Estrenos.

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5 comentarios

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  1. Leonardo M. D'Espósito dice

    Vi esta película. Seré sincero: la idea de dos señoritas dándole al viejo uno-dos es una de las más atractivas para mí. Acá es más bien como ver una larga publicidad de L’Oréal con dos modelos medio de plástico. La señorita Simeoni hace una descripción precisa y preciosa (diría Charles Morellí) del filme en cuestión, que realmente no sirve siquiera para the lonely nights. Hay más erotismo en Bernardo y Bianca en Cangurolandia: por lo menos ahí sí corren los ratones.

    Saludos desde Cannes.

  2. vero dice

    Esta película la vi! un horror, hubiera preferido directamente una porno, no me levanté para irme porque había pagado la entrada en euros..
    Está bien que hay que justificar el rol del crítico de cine, pero si quieren que los lean otros aparte de ustedes mismos, un consejo: no hagan tantas citas cinéfilas que lo único que queremos saber es si vamos a ir a ver la película o no…va con onda..

  3. Paola Simeoni dice

    Vero, las citas no son para lucimiento del que escribe sino para darle al léctor parámetros sobre lo que se está hablando. Además, otras películas y directores son referencias objetivas que sirven para que el que lee decida respecto a su propio punto de vista si está de acuerdo con lo que está leyendo o si es una soberana estupidez.
    Ningún director de cine es una isla. Todos tienen influencias o se diferencian por lo antagónico, así que no me parece que sobre mencionar donde, a mi criterio, están parados respecto a la obra de sus colegas.
    Además, (no lo digo x Wang Kar Wai y Bertolucci, q son más bien nombres conocidos para el que le interesa un poco el cine o el tipo de peli que estoy comentando) las citas muchas veces nos sirven de punta, un dato, para investigar filmografías de gente que no conocemos . Algunas veces, a partir de un nombre, buscamos y nos clavamos, pero otras veces, descubrimos cosas maravillosas que no conocíamos. Acá si me pongo en maestra ciruela y te aconsejo hacer la prueba.
    Saludos, gracias por el comentario

  4. Marina dice

    Vero, va con onda, para saber eso metete en Clarín, que de paso te ahorra la lectura de tantas palabras con un práctico “muy bueno”, “bueno”, etc., o en esas páginas que ponen estrellitas.

  5. vero dice

    Si lo de las estrellitas no lo veo pero catalina glugli o como sea su nombre es una buena referencia para mi… voy a probar con las instrucciones de esto es un bingo total gracias a google puedo saberlo todo.



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