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¿Qué es el fútbol?

Zidane, un portrait du 21e siècle / Douglas Gordon y Philippe Parreno
/ 2006 / Francia

zidane

Mientras los sudafricanos se defienden como pueden en el partido inaugural de la Copa del Mundo y esperamos a que mañana se devele esa incógnita selección maradonesca, inyectamos un poco más de la dosis con este post de Aldo (que acaba de estrenar blog junto David, otro amigo de la casa) sobre el fútbol y un retrato de este siglo.

“Con el tiempo te vas dando cuenta que en el fútbol no es necesario correr los noventa minutos. En un partido sólo hay dos o tres pelotas que pueden resultar determinantes y que debés saber aprovechar para desequilibrar”. Lo dijo Walter Erviti, volante que actualmente milita en Banfield, y sin saberlo estaba definiendo a la perfección a Zinedine Zidane. El juego de Zizou, tal es el nick de este francés, fue una de las mayores expresiones alcanzadas por el fútbol: era el arma cautiva un guerrero (en el sentido del término que enseña el Don Juan de Castaneda) que se definía en la conciencia de saber que con un solo ataque bastaba, si éste era letal.

En Zidane, un portrait du 21e siècle la cámara sigue a Zinedine con la voluntad del más aguerrido stopper durante todo un partido. Los cuerpos de los jugadores se cruzan, confrontan y chocan contra Zidane, que lleva la camiseta número cinco del Real Madrid. Los del Villareal visten de amarillo, oficiando de rivales. El partido de fútbol representado como una batalla es una órbita en la que la silueta de Zidane parece estar suspendida delante de una multitud de espectadores que funciona como telón de fondo. Los primeros planos encuadran el gesto adusto y la mirada de reptil de un Zidane que monitorea el juego como un depredador al acecho. Los planos detalle descansan en su particular forma de trotar (muy pocas veces correr); arrastrando la puntita de los pies al finalizar su carrera. Existe cierta recurrencia de Zidane en alzar su vista hacia la iluminación del estadio, como siguiendo un haz de luz. Serio, sólo suelta algún “Ahí, ahí” mínimo. Luego todo es dominio de la expresión de su semblante que, al contrario de la gracia de sus movimientos con la pelota, es mayormente escasa y seca.  

Esta película gambetea la solemnidad. No cae en la tentación del ralenti (¡horror!), ni de la musicalización pomposa ad hoc. Los sonidos compuestos por los escoceses Mogwai (caracterizados por su mambo de embotamiento acuático, sonidos para colgarse mirando una pecera) son funcionales a la ambientación lograda por el seguimiento a Zidane, consiguiendo que nos sumerjamos en su derrotero dentro de la cancha. Todo lo que no pasa por sus pies lo percibimos mediante el uso del fuera de campo (el gol rival) o el sonido en off (los pelotazos y gritos del resto de los jugadores). En la búsqueda de la victoria se traza el camino de un héroe que depende tanto de recibir la pelota como del paso del tiempo (los partidos de fútbol duran noventa minutos, misma duración que tiene en promedio una película). En el transcurso del partido, en el transcurso de la película, existe tensión, un “increíble suspenso” como indica Marcos Vieytes en su crítica publicada en El amante Nº 179.

Casi como una predicción, el desenlace de este partido/película tiene equivalencia con lo que le sucedería a Zidane casi un año después en la final del mundial Alemania 2006. Para Zidane la expulsión representa la finalización de su intervención galáctica y el regreso al plano de los simples mortales. Su actuación durante la última Copa del Mundo fue gloriosa, pero la imagen con la que habitualmente se lo recuerda no pertenece a ninguno de sus actos divinos, sino que corresponde a su cabezazo al villano italiano Materazzi. Pero lo más injusto es que ese último acto fue visto muchas más veces que la volea de Zizou al Bayern Leverkusen, gol de una belleza y perfección tal (¡y en una final!) que a Zidane no le quedó otra y tuvo que gritarlo.

Posteado en Pirata.

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3 comentarios

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  1. david dice

    Qué emoción. Qué emoción… En fin, sin palabras. Un sultán dentro y fuera de la cancha, además.
    Aparte, la mención del ex cuervo Eriviti, mal que te pese Aldo, tiene para mí un signficado particular.

  2. santiago dice

    Zidane es un grande, pero el cabezazo a Materazzi mancho un poco su trayectoria, es innegable eso.

  3. Marina dice

    A mí me encanta que se llame Zinedín Zidán. Es como si yo fuera Marina Marini, pero más divertido.



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