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	<title>¡Esto es un bingo!&#187; Comedia</title>
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		<title>Bajo el signo de cáncer</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 19:18:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Victoria Ceccotti</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comedia]]></category>
		<category><![CDATA[Estrenos]]></category>
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		<description><![CDATA[50/50 / Jonathan Levine / 2011 / Estados Unidos Hay noticias que nos toman por sorpresa. Que no las esperamos, que no las vemos venir así se anuncien haciendo señales de humo y a los gritos desde kilómetros. O pisándonos los talones. Las noticias son jodidas y nos agarran por la espalda, descuidados o demasiado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<pre><strong>50/50 / Jonathan Levine / 2011 / Estados Unidos</strong></pre>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5869" title="50-50" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2012/01/50-50.jpg" alt="" width="509" height="273" />Hay noticias que nos toman por sorpresa. Que no las esperamos, que no las vemos venir así se anuncien haciendo señales de humo y a los gritos desde kilómetros. O pisándonos los talones. Las noticias son jodidas y nos agarran por la espalda, descuidados o demasiado alerta como para darnos cuenta que, justo cuando más mirábamos hacia un punto, el resto del universo estaba cambiando. En levantar la cabeza, ver el panorama completo y dejar de focalizar la energía en un par de detalles absurdos, es donde puede radicar la diferencia. Se trata de dejar de ser 100% algo y empezar a combinar porcentajes. Lo ideal sería algo así como 50-50. 50 optimismo, 50 incertidumbre. 50 positivo, 50 negativo. 50 protagonista, 50 lo que lo rodea. Pero siempre todo mezclado, sin divisiones. Quizás ahí se encuentre el encanto que tiene esta película. No es 100% sobre un chico joven al que detectan un extraño cáncer, sino que su centro está dividido y fundido con su alrededor, con lo que le pasa a una novia artista, a una madre, a un amigo y a una novel terapeuta en relación con Adam (Joseph Gordon-Levitt) y su enfermedad. <span id="more-5868"></span></p>
<p>Apenas corridos, por ahí dando vueltas, hay prejuicios y espacios falsamente acogedores. En la casa de Adam y en el pelo de su novia Rachel (Bryce Dallas Howard) hay un tono rojizo anaranjado que da la sensación de calidez. Pero cuando él y sus padres cenan pizza, ella come ensalada, despegándose con un detalle superficial del núcleo de esa familia. Se adivina su inestable compromiso cuando ni siquiera pueden compartir el plano -como si no tuviera la fuerza ni la convicción necesarias para acompañarlo-, y se confirma cuando tarda apenas unos segundos de más en responder que va a ser ella la encargada de los cuidados de Adam. Esa anaranjada claridad que hay en la casa (y en la radio donde él trabaja) intenta transmitir tranquilidad y apoyo, como si el mundo que lo rodea contrarrestase la invasión del blanco y luminoso hospital o el ahogo de sus camisas cerradas casi hasta el cuello.</p>
<p>“Yo no tomo, yo no bebo, yo reciclo”. Y Adam además corre, y espera a que el semáforo le permita cruzar por una calle que está desierta. No puede evitar comerse las uñas, pero tampoco puede decirle al descortés médico -que ni siquiera lo saluda con un apretón de manos- que no entiende del todo esos términos que está garabateando en el aire para su grabadora personal. El doctor no tiene el coraje de mirarlo a los ojos cuando le da la noticia, pero los doctores de hoy ven los resultados en su computadora, las fichas médicas son audios en un mp3 y ya ni siquiera existe eso de la contención ante un diagnóstico desfavorable. Para esas cosas están las psicólogas, que se supone deberían tener 65 años y no usar un pullover tan rojo, tan cálida y honestamente pasional. “Se supone”, porque Katherine (Anna Kendrick) es joven y está aprendiendo en la práctica cómo es eso de tratar a un paciente con cáncer. Ella es parte fundamental de la espontaneidad que atraviesa toda la película, sus gestos vitalmente nerviosos evidencian cómo se reacomoda dependiendo de lo que le pasa a Adam, porque van a experimentar juntos (como no lo hace Rachel) que el manual está para ser modificado. Probablemente, como terapeuta no debería acumular basura en el auto y dejar que su paciente se deshaga de los restos de comida, pero la inexperiencia de ambos va a eliminar barreras que nunca fueron del todo lógicas y permitir poner en duda esos pasos tan polémicos en un tratamiento, como tocar emotivamente al paciente. Porque el problema con el contacto es que está establecido que es reconfortante. Quizás no lo sea. Quizás es hora de decir que no nos gusta que cualquiera nos dé una palmada en el hombro, que cualquiera nos abrace, que todos nos pregunten cómo andamos: el contacto es uno de los lenguajes menos plausibles de ser controlados/decorados. Podemos engañar al escribir, al hablar, al mirar a alguien. Podemos esforzarnos en fingir que la pareja funciona, que las preocupaciones no nos afectan, que somos valientes. Pero al tocar al otro, hay algo no sólo en el calor del gesto, sino en su duración, en el movimiento, en el arco de desarrollo que evidencia a los gritos y se despedaza en el aire si es falso. Es por eso que la relación entre Adam y su novia, y los primeros momentos entre Adam y Katherine son tan incómodos: dentro de dos convenciones diferentes (la del noviazgo y la relación analista-paciente) los gestos son pautados, son pasos a seguir. Afortunadamente, en uno de los casos, van a perder autoridad al deshacerse de sus reglas y, como la película, van a correrse de lo esperado.</p>
<p>Adam cree que es el único que tiene que lidiar con lo que le pasa, pero todos lo hacen a su manera: escapando, negando, exigiendo, intentando disfrutar, averiguando, aprendiendo. Cuando su mejor amigo Kyle (Seth Rogen, repitiendo sin cansar el papel de bestia adorablemente honesta) se entera de su enfermedad, amenaza con vomitar en el medio de la calle, pero en su tren de pensamiento completa y normalmente anómalo, pide porcentajes y tira datos absurdos. Lo que lo diferencia de Rachel es la honestidad que muestra al no comprender del todo cómo reaccionar, al no saber bien cómo seguir. Es el costado “alegre” del cáncer, es el fumón que colabora con los rituales que se presentan, el que cree que las chances 50-50 son altísimas, que la enfermedad está de moda entre los famosos y que si el tipo de la serie “Dexter” puede seguir laburando y Patrick Swayze también, todo va a estar bien… pese a que Swayze ya esté muerto.</p>
<p>50/50 reacciona con la extraña calma de la incertidumbre, y de a poco evidencia que nunca vamos a saber cómo actuar, que es mejor solamente estar ahí para dejarse sorprender. Y quizás sea eso lo que funciona: compartir lo inesperado, lo espontáneo. Poder pararse y discutir, poder poner en jaque premisas aprendidas de memoria, experimentar juntos que la teoría a veces se equivoca.</p>
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		<title>Christmas is all around you</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Dec 2011 23:55:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Casandra Scaroni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine rosa]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia]]></category>
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		<category><![CDATA[Liam Neeson]]></category>
		<category><![CDATA[Love Actually]]></category>

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		<description><![CDATA[Realmente amor / Richard Curtis / 2003 / Inglaterra, Estados Unidos Está bastante aceptado eso de hablar siempre de placeres culposos. Yo, que soy una culposa por excelencia, considero que se trata de una soberana pavada. Nunca entendí bien ante quién se supone que hay que sentir culpa por ver o leer, o escuchar algo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<pre><strong>Realmente amor / Richard Curtis / 2003 / Inglaterra, Estados Unidos</strong></pre>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5841" title="love-actually" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/12/love-actually.jpg" alt="" width="509" height="286" /></p>
<p>Está bastante aceptado eso de hablar siempre de placeres culposos. Yo, que soy una culposa por excelencia, considero que se trata de una soberana pavada. Nunca entendí bien ante quién se supone que hay que sentir culpa por ver o leer, o escuchar algo que te gusta. Porque no es cosa sencilla esa de lograr la música ligera, o de hacer una película que, aún sabiéndote los diálogos hasta el hartazgo, te siga dando ganas de verla cada vez que la enganchás por cable.</p>
<p>Una de las películas que está encasillada por muchos en la categoría de placer culposo es <em>Realmente amor</em>. No sé bien a cuento de qué viene el pecado, no sé si es porque Hugh Grant es lo mejor que le puede pasar a cualquier película, o si es porque cada una de las historias tiene un encanto particular que hace que no necesite de las otras para sostenerse. Cada uno de los personajes, hasta los que se supone que serían los menos agraciados (la chica de la oficina que seduce al baboso de Alan Rickman, por ejemplo), tiene un costado adorable, ninguno satura, y si bien ninguno es imprescindible para que el relato fluya, siempre queremos ver más y saber qué les pasa. Desde el viudo Liam Nesson que se queda a cargo de un nene que sufre por la chica popular del colegio, hasta la sensible y linda Emma Thompson que llora porque descubre que el paparulo del marido compra para otra un collar de regalo de navidad, pasando por la quizás más ñoña de todas las historias y también mi preferida, la de Colin Firth y la chica portuguesa con la ridícula y torpe declaración del final (¿por qué siempre será gracioso escuchar hablar a un gringo en lenguas romances?). Todas, a su manera (sí, inocente y crédula, pero también cálida y amable), celebran eso que está bueno en navidad y también el resto del año, eso de tener alguien a quién querer. <span id="more-5840"></span></p>
<p>Es que <em>Realmente amor</em> es un cuento de navidad sobre personas que, quizás porque la época los puso a todos más sensibles, no tienen ganas de dar muchas vueltas para decir o hacer lo que sienten, no importa si es el primer ministro enamorado de su secretaria, o el rock star que le dice a su representante gordo que es el amor de su vida. Acá todo se cuenta y se dice de manera simple, sin sentimentalismos y con una franqueza que hace que creamos que lo mejor que le puede pasar a una persona es ir a Londres, vivir en uno de esos departamentitos con puertas de colores, tener amigos y creer que todo es posible.</p>
<p>En tiempos que tenemos que ver en el cine mamarrachos como<em> Año nuevo</em>, rever <em>Realmente amor</em> es una caricia al espíritu navideño, y para los incrédulos que no hayan sucumbido al encanto del bailecito de Hugh Grant como primer ministro, los reto a que miren la película y no terminen cantando el <em>“all I want for christmas is you”.</em></p>
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		<title>El fantasma de las navidades pasadas (presentes y futuras)</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Dec 2011 23:17:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Simeoni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comedia]]></category>
		<category><![CDATA[Bad Santa]]></category>
		<category><![CDATA[Billy Bob Thornton]]></category>
		<category><![CDATA[Terry Zwigoff]]></category>

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		<description><![CDATA[Bad Santa / Terry Zwigoff / 2003 / Estados Unidos Hace un par de días Casandra impartió, con su voz suave pero imperativa (que se escuchaba así, aún escrita en un mail), una consigna: salen tres post sobre películas navideñas. Y en su calidad de ideóloga, también asignó los títulos sobre los que había que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<pre><strong>Bad Santa / <a href="http://www.imdb.com/name/nm0959062/">Terry Zwigoff</a> / 2003 / Estados Unidos</strong></pre>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5836" title="badsanta" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/12/badsanta.jpg" alt="" width="509" height="286" />Hace un par de días Casandra impartió, con su voz suave pero imperativa (que se escuchaba así, aún escrita en un mail), una consigna: salen tres post sobre películas navideñas. Y en su calidad de ideóloga, también asignó los títulos sobre los que había que escribir. A mí me tocó <em>Bad Santa</em>. Como no la había visto (mi cultura en comedias de ese tipo es limitada, por no decir inexistente) y como escribir sobre películas sobre las que solamente se ha leído la reseña requiere un talento para la mediocridad con el que no cuento, anoche, en la mismísima semana de la llegada del que por acá llamamos Papá Noel, la familia reunida delante del televisor se dispuso a ver este no-estreno navideño.</p>
<p>La película muestra al mucho-más-apetecible-que-Brad-Pitt, Billy Bob Thornton, un chorro que cada año trabaja de Santa Claus para conocer el funcionamiento de un shopping y asaltarlo en Noche Buena. El tipo anda con un enanito malandra, el cerebro de la banda, que estudia todos los movimientos mercantiles mientras él se dedica a derrapar, emborracharse y maltratar pibes. Este Bad Santa cumple con todo el catálogo de lo navideñamente incorrecto, en cada escena toma los emblemas de la celebración para embarrarlos y mostrarlos como objetos de consumo o desacralizarlos convirtiéndolos, por ejemplo en fetiches sexuales. Hasta que en un momento este Santa desviado se cruza con un chico más arruinado que él y por su influencia (como era de esperar) encuentra la redención. <span id="more-5835"></span></p>
<p>El que más se divirtió con esta función de cine casero fue sin dudas mi sobrino adolescente que está justo en la edad donde los pedos, los culos y la mierda, tanto en su alusión como en su representación, tienen ese gusto a trasgresión que los vuelven irresistibles . Pero yo, que lo duplico cómodamente en edad y que los menesteres escatológicos ya no me parecen una novedad ni en la vida ni en el cine (la Nueva Comedia Americana ya hace tiempo que le viene echando mano al recurso, con lo cual lo que hace unos años era zarpado hoy es nada más que un lugar común), tuve pensamientos más amargos. Mientras Andrés se mataba de risa porque un chabón vestido de Santa Claus bien yankee se meaba encima y dormía la mona mientras los chicos le pedían sus deseos para el arbolito, pensé, y ahora escribo, que lo mejor que tiene la película es su misantropía esperanzada. En un momento, en la escena con la que me quedo de toda <em>Bad Santa</em>, Billy Bob se pudre y le dice al nenito que no es Papá Noel, que no jorobe más, que Papá Noel no existe, y el nene le contesta que ya sabe eso desde hace mucho, pero que le seguía la corriente y esperaba igual recibir un regalo de este falso Santa descarriado porque era su amigo. <em>Bad Santa </em>aconseja creer para estar mejor. No tiene empacho en mostrar que las fiestas −las que pasaron y éstas, amigos, que se nos vinieron encima− pueden ser también una mentira, un dolor de cabeza donde las costumbres, el shopping y la hipocresía se mezclan con la familia, las buenas intenciones y el vitel toné. Pero también nos sugiere en su moraleja, para sobrevivirlas más o menos enteros, una buena dosis de autoengaño, de creernos su puesta en escena y esperar que estén buenas, que vayamos a pasarla bien, aunque esto probablemente después no ocurra y recibamos, como el gordito de la película, tarde y mal el regalo arruinado del descontento.</p>
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		<title>Love, actually</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 15:49:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Casandra Scaroni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine argentino]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia]]></category>
		<category><![CDATA[Estrenos]]></category>
		<category><![CDATA[Gustavo Taretto]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Drolas]]></category>
		<category><![CDATA[Pilar López de Ayala]]></category>

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		<description><![CDATA[Medianeras / Gustavo Taretto / 2011 / Argentina True love will find you in the end. You&#8217;ll find out just who was your friend. Don&#8217;t be sad, I know you will, But don&#8217;t give up until&#8230; True love finds you in the end True love will find you in the end, Daniel Johnston Medianeras cuenta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<pre><strong>Medianeras / Gustavo Taretto / 2011 / Argentina</strong></pre>
<p><a href="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/medianeras-de-gustavo-taretto.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-5562" title="medianeras-de-gustavo-taretto" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/medianeras-de-gustavo-taretto.jpg" alt="" width="509" height="273" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><strong>True love will find you in the end. You&#8217;ll find out just who was your friend. Don&#8217;t be sad, I know you will, But don&#8217;t give up until&#8230; True love finds you in the end<br />
</strong>True love will find you in the end, Daniel Johnston</p>
<p>Medianeras cuenta una historia de amor de dos que desde el vamos, se sabe, tienen que estar juntos. Nos damos cuenta por pequeñas cosas que la película nos va haciendo conocer de uno y del otro, nada demasiado grande ni evidente: canciones que los dos sienten la necesidad de cantar, <em>Manhattan</em> de Woody Allen, chistes y cierta ingenuidad que desentona con el ritmo incomodo y acelerado de los que los rodean. Pero esta también es la historia de dos personas que viven en una ciudad que, en algún punto se les puso en contra. Con departamentos construidos sin la mínima posibilidad de que entre un rayo de sol, y con miedos que les impiden enfrentar esas pesadillas que son los colectivos, ascensores y demás hacinamientos nuestros de cada día. <span id="more-5561"></span></p>
<p>La fuerza de <em>Medianeras</em>, o el porqué de que sea una película sumamente querible, es que Mariana y Martín (los dos a quererse) nos importan. Los vemos pasarla mal, sufrir citas con tipos y minas, que si bien no tienen nada terriblemente malo (Carla Peterson  en un cameo como una tilinga medio snob que no para de hablar en francés es lo más grave de la galería de fracasos amorosos), simplemente no son los adecuados para ellos. Acá, al igual que en <em>Sintonía de amor</em>, no vemos idas y venidas, histeriqueos típicos o malos entendidos que lleven a que el-chico-conoce-chica tenga un momento de separación, sino que el único obstáculo a sortear es que todavía no se conozcan, porque una vez que lo hagan, llamémoslo arbitrariedad, género o destino, ya va a estar todo dicho.</p>
<p>Con una estructura parecida a la de <em>500 días con ella</em>, fragmentada en las estaciones del año y con las voces en off de ellos contando quiénes son, <em>Medianeras</em> tiene mucho de cuento para chicos que, con la dulzura de la voz de Pilar Lopez de Ayala y Javier Drolas, nos va llevando a un estado de ensoñación en el que siempre queremos escuchar un poco más. Pero que también demanda nuestra entrega, que por un rato creamos que la vida es más fácil, y como le dice Tracy a Woody Allen en <em>Manhattan</em>, que confiemos un poco más en la gente.</p>
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		<title>Tres tipos con clase</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Oct 2011 23:14:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martin Stefanelli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comedia]]></category>
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		<category><![CDATA[Quiero matar a mi jefe]]></category>
		<category><![CDATA[Seth Gordon]]></category>

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		<description><![CDATA[Quiero matar a mi jefe / Seth Gorgon / 2011 / EE.UU. En Estados Unidos, cuando las cosas marchan bien, para qué hablar de problemáticas sociales aburridas con las que casi nadie se puede identificar. De eso se puede ocupar el Festival de Cine Malayo, que está allá lejos, en New York. Cuando las cosas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<pre><strong>Quiero matar a mi jefe / Seth Gorgon / 2011 / EE.UU.</strong></pre>
<p><a href="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/quieromataramijefe.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-5550" title="quieromataramijefe" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/quieromataramijefe.jpg" alt="" width="509" height="293" /></a><br />
En Estados Unidos, cuando las cosas marchan bien, para qué hablar de problemáticas sociales aburridas con las que casi nadie se puede identificar. De eso se puede ocupar el Festival de Cine Malayo, que está allá lejos, en New York. Cuando las cosas marchan mal en Estados Unidos para qué hacerse mala sangre con dramones que nos refriegan en la cara lo miserable que es la vida del americano promedio, y seguramente la nuestra, que se le parece por añadidura. Para esas situaciones poco agradables existe un género llamado comedia, único pozo séptico donde está permitido evacuar la supuración comunitaria de aquellos que perdieron la capacidad de indignarse, pero que todavía pueden reír: estoy hablando de la clase media, claro.</p>
<p>El guión de <em>Quiero matar a mi jefe</em> junta la crisis económica con tres protagonistas que pertenecen a esa misma clase. Así justifica lo injustificable. Tener jefes horribles (<em>Horrible bosses</em>, ese es su título en inglés) no es algo fuera de lo común, es más, se puede decir que lo extraño es tener de jefe a un buen tipo. ¿Cómo es, entonces, que este trío de cuarentones intenta llevar a cabo el asesinato de sus tres sádicos patrones? La respuesta la da un cuarto amigo que se les aparece por el bar, que desocupado desde hace un par de años sobrevive masturbando gente a cambio de unos dólares. Buscar otro trabajo no es una opción. En épocas de crisis cometer un asesinato está muy por encima del agujero sin fondo en el que cae el desempleado. Al asesino todavía le queda algo de dignidad. <span id="more-5548"></span></p>
<p><em>Quiero matar a mi jefe</em> no sólo se toca con la sátira social, como lo hizo <em>¿Qué pasó ayer?, </em>la comedia se va revistiendo de otras cosas. Aquella es de aventuras y policial detectivesco, ésta de aventuras y crimen. Ambas están llenas de excesos que otras películas no se permiten. La de Tod Phillips, se desboca con ayuda de drogas y personajes completamente enajenados como el de Zach Gallifianakis. En cambio, en la que nos atañe, la de Seth Gordon, el interés del espectador decae por la misma razón que el guión funciona y la historia se vuelve verosímil: si Gordon necesitaba tres hombres de clase media que tuvieran terror de perder lo que habían conseguido en su penoso ascenso social, cuidadosos con los pequeños logros, no se podía esperar que de ellos surgiera el mayor de los descaros. Los encargados de la locura son los jefes, los que sobrevuelan las miserias ajenas con la vaca atada. Colin Farrell es un cocainómano medio pelado que puede echar a un hombre sólo porque no le gusta el rechinar de su silla de ruedas; Kevin Spacey es un gerente completamente cínico y manipulador, cornudo y ególatra; Jennifer Aniston es una odontóloga caliente y perversa, una acosadora sexual de tiempo completo que en el cuerpo de Jennifer Aniston se vuelve una bomba neutrónica. Los tres están tan arriba, tan excitados, que  los pobres protagonistas les hacen lugar, el lugar para que sean jefes, pero cuando los jefes empiezan a ocupar menos tiempo en pantalla, la película vuelve a los terrenos más tranquilos donde se narran los enredos de estos cuarentones que juegan a ser asesinos porque no pueden serlo.</p>
<p>Como sus tres protagonistas, desde el principio la película deja al descubierto sus límites. Al igual que los tres muchachotes, sabe hasta donde dar rienda suelta a la demencia y no se deja llevar hacia ningún lugar desconocido. <em>Quiero matar a mi jefe</em> es una buena película que deja un mal sabor de boca porque queda la sensación de que podría haber sido mucho más, que tuvieron la oportunidad ahí adelante y lo desaprovecharon. Todo sea por el verosímil.</p>
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		<title>Primus inter pares</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Oct 2011 18:40:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Simeoni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comedia]]></category>
		<category><![CDATA[Estrenos]]></category>
		<category><![CDATA[Habemus Papam]]></category>
		<category><![CDATA[Michel Piccoli]]></category>
		<category><![CDATA[Nanni Moretti]]></category>

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		<description><![CDATA[Habemus Papam / Nanni Moretti / 2011 / Italia, Francia Una docena de cardenales se amontonan en las ventanas para espiar al supuesto Papa que descansa en su habitación. En segundo plano, por detrás de su figura vemos colgados costosos tapices y hasta una pintura de Velázquez. Son viejitos haciendo cosas de viejitos (espiando), pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<pre><strong>Habemus Papam / Nanni Moretti / 2011 / Italia, Francia</strong></pre>
<p><a href="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/Habemus_Papam.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-5542" title="Habemus_Papam" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/Habemus_Papam.jpg" alt="" width="509" height="308" /></a></p>
<p>Una docena de cardenales se amontonan en las ventanas para espiar al supuesto Papa que descansa en su habitación. En segundo plano, por detrás de su figura vemos colgados costosos tapices y hasta una pintura de Velázquez. Son viejitos haciendo cosas de viejitos (espiando), pero el escenario que los rodea no es común, están en una institución extraordinaria (el Vaticano), en un momento extraordinario (un cónclave) rodeados del peso de la historia (las obras de arte que la madre Iglesia supo compilar para su contento). Otro momento: un señor con pinta de abuelo, con gorra y saquito de abuelo, viaja por la noche en un colectivo y ensaya unas palabras en voz alta. El marco es por demás ordinario (un bondi lleno de gente aburrida a la noche), pero las palabras que está diciendo son importantes: forman nada menos que el discurso que debería dar este simil-abuelo al asumir el papado. Son solamente dos imágenes, pero dan cuenta de un desarreglo entre la escala humana de los protagonistas y la importancia de las situaciones que están viviendo. En toda <em>Habemus Papam</em> de Nanni Moretti la inmanencia y trascendencia andan a las patadas y, gracias a la delicada sensibilidad del autor, la más llana humanidad gana por goleada.<span id="more-5541"></span></p>
<p>La película cuenta la historia de un cardenal (el expresivo Michel Piccoli) que a poco de ser nombrado Papa sufre un ataque de pánico y no puede asumir públicamente su mandato. Por eso, llaman al psiquiatra más importante de Roma (el mismísimo Moretti) para que lo analice. Pero psicoanalizar a un Papa resulta una tarea imposible: al abanderado del alma no le podés ir a hablar de subconsciente. Entonces, por unas idas y vueltas del argumento, el cura más importante del mundo anda vagando por la calle (aunque está tan encerrado en sí mismo y sus problemas, que casi se puede decir que está preso, aunque en libertad) mientras que el mejor psicoanalista queda aislado en el Vaticano. A ninguno de los dos los hace feliz la situación de supuesto privilegio, la responsabilidad los abruma y les hace perder mucha de las cosas más valiosas de sus vidas.</p>
<p>La lente de la cámara de Moretti es claramente agnóstica. Si bien es invocado y tenido en cuenta por muchos de los protagonistas, Dios está ausente -o por lo menos muy silencioso- en la película. Por eso, no son problemas de fe los que se controvierten en <em>Habemus Papam</em>, sino dilemas personales, conflictos entre personas y el lugar simbólico que les toca ocupar en la sociedad. Para el que lo quiera ver, la historia de este Papa inseguro cuestiona a los estatutos y la eficacia del poder, pero es una crítica asordinada y, sobre todo, piadosa. A diferencia de la rancia <em>La hora de la religión</em> en la que su compatriota Marco Bellocchio encontraba fantasmas oscuros y malignos en cada rincón del Vaticano, Moretti prefiere ver gente atrapada en ritos y coyunturas que la define, pero que la mayoría de las veces la supera, tipos con problemas graves y grandes responsabilidades, pero también con permisos para descomprimir con espacios para un juego o para hacer palmas en una canción. Para lograr la complicidad del espectador, resulta más eficaz la mirada de profunda tristeza y soledad de Michel Picolli que denuncias de crueles conspiraciones de siniestros purpurados. El truco, que ya no sorprende a quienes vieron más de dos películas de Moretti, consiste en hacernos querer a sus personajes y de esta manera dejar el terreno preparado para recibir las ideas que nos quiere hacer llegar. Resultaría mucho más fácil hacernos pensar en los rincones oscuros del poder clerical presentándonos unos cardenales intrigantes y formales, pero, sin embargo, Moretti prefiere dar un rodeo más grande y empezar por mostrárnoslos como unos simpáticos curitas que juegan al vóley. El mensaje llega, pero nos evita la bajada de línea y la sensación de haber ido al cine a escuchar un sermón.</p>
<p>En algunos directores hay personajes que parecen seguir creciendo a pesar de que su creador no filme sus vidas por algunos años. Este podría ser el caso de Don Giulio, el curita joven de <em>La messa e´finita</em> que en <em>Habemus papam</em> se reencarna en su santidad Melville. Don Giulio salía al  sacerdocio seguro de su fe y de sus posibilidades de cambiar un mundo que le resultaba hipócrita e injusto. En cambio Melville ya se dio por vencido, entiende que el mundo es un lugar complejo, con problemas complejos y que él no tiene las fuerzas para hacerse cargo del enorme desafío de orientar a los hombres de fe para hacer de la tierra un lugar mejor. A su manera atea y cascarrabias, Nanni Moretti es también un hombre de fe que, como Don Giulio, cree la humanidad es intrínsecamente buena. Por eso piensa que todavía vale la pena ocupar su tiempo haciendo películas para que las cosas cambien tan solo un poco.</p>
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		<title>Larry, el triste</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Aug 2011 18:49:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Casandra Scaroni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actores]]></category>
		<category><![CDATA[Cine rosa]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia]]></category>
		<category><![CDATA[Julia Roberts]]></category>
		<category><![CDATA[Nia Vardalos]]></category>
		<category><![CDATA[Tom Hanks]]></category>

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		<description><![CDATA[Larry Crowne / Tom Hanks / 2011 / Estados Unidos Bueno, hay que decirlo rápido para que no duela tanto: Tom Hanks derrapó. El bonachón que hizo que todos quisiéramos un departamento con cama elástica en la adorada Quisiera ser grande, el policía que era socio de un sabueso y el padre viudo enamorado de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<pre><strong>Larry Crowne / Tom Hanks / 2011 / Estados Unidos</strong></pre>
<p><a href="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/07/Larry-Crowne.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-5493" title="Larry-Crowne" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/07/Larry-Crowne.jpg" alt="" width="509" height="308" /></a>Bueno, hay que decirlo rápido para que no duela tanto: Tom Hanks derrapó. El bonachón que hizo que todos quisiéramos un departamento con cama elástica en la adorada <em>Quisiera ser grande</em>, el policía que era socio de un sabueso y el padre viudo enamorado de la, en ese entonces, muy bella Meg Ryan de <em>Sintonía de amor</em>, entró en una decadencia de la que espero pueda tener retorno.</p>
<p>La cuestión es que Tom por segunda vez en su extensa carrera se puso atrás de la cámara y dirigió <em>Larry Crowne</em>, una especie de comedia con big smile Julia Roberts, que cuenta las desaventuras de un pobre infeliz (el Larry del título interpretado por el mismo Hanks) que es despedido del trabajo al que le dedico toda su vida, con la excusa de que nunca fue a la universidad.</p>
<p>Pero esta es una película de enseñanza de vida, así que Larry como buen americano ve el lado coca cola de todo esto y en vez de demandar a quienes lo despiden sin motivo, el mismo día en que pensaba ser elegido como empleado del mes, ingresa a la universidad y toma un curso sobre algo así como hablar en público de manera informal, dictado por la siempre radiante Julia Roberts. Y si alguien puede llegar a pensar que lo malo de la película es su previsibilidad al estilo hombre encuentra el sentido de su vida en nuevo grupo de amigos y conoce a la mujer de sus sueños, se equivoca, porque si bien todo esto pasa eventualmente, el definitivo y gran problema es que sucede de una manera tan falaz y alejada del mundo que irrita.  <span id="more-5492"></span></p>
<p>Un ejemplo de los momentos donde la desidia por parte del director se hace más evidente es  cuando luego de una jornada universitaria Larry se sube a su moto y, secundado por sus nuevos amigos, recorre la ciudad. La escena es tan falsa que necesita hacernos saber a través de una canción que ese es un buen día, sin contar que para remarcar la idea de felicidad adolescente que el protagonista está descubriendo, vemos como en cada esquina se suma más y más gente en moto sin ningún motivo aparente al paseo que Larry que había comenzado de manera supuestamente espontánea.</p>
<p>Es increíble que el mismo hombre que en 1996 dirigió la hermosa película de camino a la fama que es <em>Eso que tú haces</em>, y que impuso el hit de los inventados <em>The Wonders</em> en el corazón de multitudes (bueno, no sé si multitudes pero en el mío si) hoy, 15 años después nos traiga esto: una película sin ningún tipo de alegría, a la que no se le puede creer ni una sola sonrisa, y eso sí que es imperdonable.</p>
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		<title>Corazón de tiza</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 18:23:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martin Stefanelli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comedia]]></category>
		<category><![CDATA[Cameron Díaz]]></category>
		<category><![CDATA[Jake Kasdan]]></category>
		<category><![CDATA[Jason Segel]]></category>
		<category><![CDATA[Justin Timberlake]]></category>
		<category><![CDATA[Lucy Punch]]></category>

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		<description><![CDATA[Malas enseñanzas / Jake Kasdan / 2011 / Estados Unidos Hay un problema con el verosímil en Malas enseñanzas: a esta Cameron Díaz que luce toda su belleza nadie le puede creer que fracase como cazafortunas y no logre conseguir un millonario que la mantenga. Pero sólo es un verosímil que no funciona conmigo, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<pre><strong>Malas enseñanzas / Jake Kasdan / 2011 / Estados Unidos</strong></pre>
<p><a href="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/07/badteacher.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-5466" title="Cameron Diaz stars in Columbia Pictures' comedy &quot;Bad Teacher.&quot;" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/07/badteacher.jpg" alt="" width="509" height="317" /></a>Hay un problema con el verosímil en <em>Malas enseñanzas</em>: a esta Cameron Díaz que luce toda su belleza nadie le puede creer que fracase como cazafortunas y no logre conseguir un millonario que la mantenga. Pero sólo es un verosímil que no funciona conmigo, que con gusto, si fuera millonario, no dudaría un instante en poner billete sobre billete para darle la vida que merece a esta profesora de high school medio pelo. Aunque creo que puede haber miles de potentados dispuestos a hacer lo mismo, Elizabeth Halsey, su personaje, se pasa toda la película elucubrando estrategias con alto grado de malevolencia para conseguir que Scott Delacorte (Justin Timberlake), nuevo profesor y heredero de un emporio relojero, le entregue su corazón, y su dinero, claro.</p>
<p>La profesora Halsey cree que sólo una cosa (o mejor dicho dos: un par de tetas) puede hacer que Delacorte olvide un amor pasado para dedicarle toda su atención. Con eso establecido como meta, <em>Malas enseñanzas</em> se vuelve ese tipo clásico de comedias de aventuras con un objetivo concreto (siliconas y de las grandes) que en medio del camino y casi sin quererlo, le da a su protagonista una lección sobre las cosas importantes de la vida.<span id="more-5465"></span></p>
<p>¿Qué hace que nos podamos encariñar con alguien tan interesado en el vil metal? ¿Qué hace que el espectador se pueda identificar con un ser que a simple vista parece despreciable? Podría ser en parte el carisma y la gracia de Cameron Díaz, pero en realidad <em>Malas enseñanzas</em> hace que le tomemos afecto y nos pongamos en su lugar rodeando a este personaje de otros mucho más mezquinos y, sobre todo, de habitantes de un mundo provinciano bastante opa del que cualquiera desearía escapar. Y que justificaría la peor brutalidad con tal de poder abandonar ese mundillo macabro que es la escuela pública de un pequeño pueblo americano.</p>
<p>El inconveniente es que esta bad teacher no es tan mala como podría serlo si el guión hubiera dado rienda suelta a la locura. Los chistes no son muy divertidos y parecen demasiado concentrados en resaltar la figura de Cameron Díaz sin dejar que el descontrol se adueñe de la película por completo. Hay algunos momentos… pero, chicos de Hollywood: marihuana ya fuma hasta la nonna.</p>
<p>Lo más interesante de esta película pasa por la representación de ese mundo abominable poblado de seres tan desagradables como “la profesora buena” que pretende “enseñar jugando”, el director del colegio medio bobote o la educadora gorda y tímida que vive la vida como dejándola pasar. Es decir, personajes que todos podemos reconocer hasta en una escuela pública de la provincia de Buenos Aires. No nos podemos olvidar del profesor de gimnasia que nunca pasa desapercibido; acá ese profesor es el buenazo de Jason Segel, que después de andar enseñando en la cancha de básquet es el encargado de la educación sentimental de la mala maestra. La química que hay entre los personajes es buena, lástima que la película no se dedique un poco más a ellos dos. Es que se trata de esas películas que homenajean a un actor. La pantalla de <em>Malas enseñanzas</em> es toda para Cameron Díaz, quizás por eso los planos son tan planos y no tienen más relleno que su propia figura. Lo único que importa es ella y su sonrisa. Y eso no está tan mal cuando muestra los dientes, pero a veces, a pesar de caer rendidos a sus pies, nos levantamos para pedir algo más. De lejos tiene barba y se parece a Judd Apatow, de cerca es una rubia increíble. El problema es que no siempre preferimos lo segundo.</p>
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		<title>Que la inocencia nos valga</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jul 2011 15:39:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paola Simeoni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comedia]]></category>
		<category><![CDATA[Directores]]></category>
		<category><![CDATA[Estrenos]]></category>
		<category><![CDATA[Medianoche en París]]></category>
		<category><![CDATA[Midnight in Paris]]></category>
		<category><![CDATA[Owen Wilson]]></category>
		<category><![CDATA[Rachel McAdams]]></category>
		<category><![CDATA[Woody Allen]]></category>

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		<description><![CDATA[Medianoche en París / Woody Allen / 2011 / EE.UU. Para los que se llenaban la boca diciendo que Woody Allen está amargado, que sus nuevas películas destilan misantropía y vinagre, a ver cómo les cae ésta. Dicen que los extremos se juntan y ahora, doblando el codo de la mitad de los geriátricos 70 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Medianoche en París / Woody Allen / 2011 / EE.UU. </strong><a href="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/07/Medianoche-en-París.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-5406" title="Medianoche en París" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/07/Medianoche-en-París.jpg" alt="" width="500" height="305" /></a></p>
<p>Para los que se llenaban la boca diciendo que Woody Allen está amargado, que sus nuevas películas destilan misantropía y vinagre, a ver cómo les cae ésta. Dicen que los extremos se juntan y ahora, doblando el codo de la mitad de los geriátricos 70 nuestro amigo, adorador de Manhattan y de su hijastra asiática, se despacha con una película gozosamente infantil.</p>
<p><em>Medianoche en París</em> requiere de una predisposición especial, pide para su disfrute que dejemos afuera del cine nuestro cinismo y nos dejemos vender alegres espejitos de colores. Ya desde la primera escena nos avisa qué es lo que vamos a ver. Se suceden una colección de postales de la París más perfecta que pueda existir, igualita a como la imaginamos cuando todavía no la conocíamos y como nos gusta recordarla cuando ya estuvimos por ahí. Es una escena larga y caprichosa donde Allen parece decirnos que nos va a hablar de la nostalgia, pero también de la esperanza. Porque el comienzo de <em>Medianoche en París</em> nos muestra esos lugares donde, para adelante o para atrás, ponemos las cosas más puras de nuestra, por lo general, mediocre existencia.<span id="more-5401"></span></p>
<p>Después de esta apertura comienza el relato. Owen Wilson es el Woody Allen de turno (es divertido ver cómo la lente del director y el poder del guión pueden descubrir en este rubio tostado de mirada pavota al personaje que alguna vez fue Alvy Singer o Isaac David y cuyos tics se repiten siempre en la filmografía del director). El tipo está a punto de casarse y circunstancialmente está de visita en París, pero quisiera quedarse a vivir ahí porque es guionista con aspiraciones de escritor y sospecha que el lugar le va a dar inspiración. Entonces, durante el día hace una vida miserable de turista gringo, pero a la noche ocurre un milagro: se transporta a la París de los años 20 y entra como pancho por su casa a la intimidad de las celebridades más top de la época.</p>
<p>Y de nuevo acá la gente que gusta de encontrarle la quinta pata al gato podría decir que la descripción de la galería de artistas que Owen Wilson se encuentra es de trazo grueso, un truco de Allen para que la gilada se sienta culta por adivinar en dos diálogos que el borracho sentado en el bar es Hemingway o ese con cara de Adrien Brody que habla de rinocerontes es Dalí. Sin embargo, no creo que  Allen proponga una trivia tipo “conozca a los famosos de juerga por París” (si fuera así estaría más senil de lo que pensamos y haciendo aquello de lo que se rió en toda su carrera), sino que más bien acá vuelve a importar el asunto de la vuelta a la infancia, al momento en que podíamos permitirnos admirar a nuestros héroes sin cuestionarlos porque la niñez es el tiempo de la construcción de los mitos. Creer, por ejemplo, que French y Berutti solamente eran patriotas que repartían cintitas celeste y blancas y que Sarmiento iba todos los días a la escuela con su guardapolvo blanco y siempre, siempre planchado. Allen sabe que la nostalgia requiere síntesis, no distraerse en suspicacias y detalles para dedicarse solamente a sentir, que es lo importante.</p>
<p>A esta altura de su carrera, Allen no necesita probar que sabe filmar bellamente, ni que puede escribir diálogos precisos con el timing justo. Su pericia como director se da por sentada hasta en sus peores películas, pero hace tiempo veníamos sintiendo que a sus obras les sobraba oficio y le faltaba pasión. Por eso, <em>Medianoche en París</em> es una buena noticia. Celebramos la vuelta de su espíritu en este viaje alucinado, un poco bobo pero sentido donde habita la memoria emotiva de los artistas que Woody Allen quiere y admira. Y frente a semejante acto de sinceridad, hay que ser muy mala persona o tener el corazón de piedra para no sentirse conmovido.</p>
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		<title>Pequeña decadencia de la comedia francesa</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jun 2011 03:04:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Casandra Scaroni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine rosa]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia]]></category>
		<category><![CDATA[Pascal Chaumeil]]></category>
		<category><![CDATA[Romain Duris]]></category>
		<category><![CDATA[Rompecorazones]]></category>
		<category><![CDATA[Vanessa Paradis]]></category>

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		<description><![CDATA[Rompecorazones / Pascal Chaumeil / 2010 / Francia, Monaco Como si el acercamiento (por más torpe que este sea) al género de parte de una industria que no es la americana fuese un mérito en sí mismo, hay una tendencia a ser benevolentes con películas que de manera evidente y sin ánimos de esconderlo nos muestran  que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<pre><strong>Rompecorazones / Pascal Chaumeil / 2010 / Francia, Monaco</strong></pre>
<p><a href="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/06/ROMPECORAZONES-_O2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-5337" title="ROMPECORAZONES _O2" src="http://www.estoesunbingo.com.ar/wp-content/uploads/2011/06/ROMPECORAZONES-_O2.jpg" alt="" width="507" height="301" /></a></p>
<p>Como si el acercamiento (por más torpe que este sea) al género de parte de una industria que no es la americana fuese un mérito en sí mismo, hay una tendencia a ser benevolentes con películas que de manera evidente y sin ánimos de esconderlo nos muestran  que son un verdadero pelotazo.</p>
<p>Este es el caso de <em>Rompecorazones</em>, una suerte de comedia francesa que sorpresivamente ha cosechado varias críticas favorables que rescatan más que nada justamente eso, que sea una comedia y que sea francesa. La película narra las peripecias de un Don Juan que utiliza sus encantos para llevar adelante, junto a su familia, una empresa dedicada a evitar que casamientos que vienen mal aspectados, se lleven a cabo.  La cosa se complica cuando, abrumado por las deudas y acosado por un matón muy parecido a Brutus, nuestro Don Juan acepta un trabajo casi destinado al fracaso: enamorar en menos de diez días a una chica millonaria (Vanessa  Paradis) aparentemente enamorada de su novio y sin mayores problemas que ser seguidora de George Michael y que su película fetiche sea <em>Dirty Dancing</em>. <span id="more-5336"></span></p>
<p>Y si bien es cierto que contando el argumento de cualquier película se la puede dejar en ridículo sin ningún tipo de argumentación, el problema grave de <em>Rompecorazones</em> es que, más allá de cualquier premisa, cree que es cómico mostrar hasta el hartazgo la cara estreñida de un tipo que trata de llorar, o que golpea reiteradas veces a una chica en la cabeza para desmayarla y así evitar que, en paños menores, quiera seducir a nuestro héroe en cuestión.</p>
<p>Quizás, para ser justos tendría que mencionar que no es todo sufrimiento y vergüenza ajena. Claro que hay un momento de pequeña alegría genuina en la película: cuando ya habiendo fracasado en todos los intentos por conquistar a la dama en cuestión el muchacho opta por la espontaneidad y tras el debido paseo en auto por las rutas de la costa francesa caen de madrugada en un bar vacío donde bailan solos <em>The time of my life</em> como lo hacían Patrick Swayze y Jennifer Grey en <em>Dirty Dancing</em>. Y digo alegría genuina porque Vanessa Paradis (que con sus paletas separadas es bastante encantadora) y el Don Juan de quien no recuerdo el nombre parecen divertirse de verdad, y también porque la canción es lo único que se escucha y para melosas como yo que se contentan con poco, eso es algo, aunque claro, para eso hubiese sido mejor ver <em>Dirty Dancing</em>.</p>
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